01 agosto, 2020

Reflexión del Evangelio: Mateo 14, 13-21

           Domingo XVIII del tiempo ordinario. Propone reflexionar a partir del Evangelio de Mateo 14, 13-21, que a grandes rasgos nos dice que Jesús alimenta a cinco mil personas y todas comen hasta saciarse.

            En primer momento, Jesús se “dirige a un lugar apartado y solitario”,[1] se ha enterado de la muerte de Juan el Bautista; podemos intuir que se aparta para orar, para encontrarse con su Padre. Esto no le es posible porque la gente espera algo de Él, le buscan porque le necesitan; entonces, “Jesús se compadece y cura a los enfermos”.[2] La generosidad de Jesús es parte de su reinado, no es indiferente ante el dolor humano.

            En nuestra sociedad hay muchas personas que pasan tanta hambre y necesitan ser saciados. Pasan hambre porque los poderosos les quitan el pan a quienes más lo necesitan y, lo quitan no para comérselo ellos, sino para almacenarlo y cuando no sirva tirarlo. En el Evangelio, los discípulos quieren resolver este problema del hambre por la vía más fácil y cómoda, ¡comprándolo! Jesús les dice: “no hace falta, denles ustedes de comer”,[3] quiere despertar en los discípulos la sensibilidad y fragilidad humana, sin límites. Todos se disponen a dar cuanto tienen, lo comparten, aunque sea poco: “no tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”.[4]

            Jesús es capaz de hacer el milagro del compartir, el darse a los demás, se entrega sin reservas. Su compasión le hace donarse en una población concreta, en la historia de un pueblo y sus necesidades. Dios nos alimenta, pero nos pide y manda a que también alimentemos quienes más necesiten el pan. El milagro no es la abundancia, sino la capacidad del compartir, la solidaridad con los que no tienen nada, el donarse sin reservas ni condiciones. Como discípulos y discípulas de Jesús, se nos propone desprendernos de aquellos que tenemos para nosotros mismos y aprender a compartirlo, porque eso poco que tenemos, Jesús lo sabrá multiplicar y no nos faltará nada; mejor aún, todos comeremos por igual y hasta sobrará.

            No importa si es poco o mucho lo que tenemos, en cualquier ámbito de la vida, importa que todo lo pongamos a disposición para que todo lo que tenemos y poseemos se vuelva sacramento de compartición. La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. Por eso, es que Jesús está en la realidad y se compromete con la gente, donándose por completo y nosotros lo hagamos como sus seguidores.



[1] Cfr. Mt 14, 13.

[2] Cfr. Mt 14, 14.

[3] Cfr. Mt 14, 16.

[4] Cfr. Mt 14, 17-18.

25 julio, 2020

El Reino de los cielos en nuestro contexto: ¿Qué vas hacer en la nueva normalidad? (Mt 13, 44-52)

Por Gerardo E. Bolaños G., cmf.

        Considero que, estamos cansados que se nos repita a cada momento, que, la pandemia ha sido un tiempo para ensimismarnos y profundizar en nuestras vidas. Es cierto, se ha exagerado, pero ha sido necesario porque a pesar que estamos detenidos y darnos tiempo para revisar nuestras vidas y, no estamos corriendo en las calles; en casa queremos llevar a cabo la misma vida que teníamos antes del confinamiento. Es el Reino del cual hoy nos habla Jesús, se parece a, está en, y sabiamente saca cosas nuevas de su tesoro.

            A mi juicio, ha sido excesivo condenar todo lo anterior a la pandemia. ¿acaso no había presencia de Dios (Reino, dones y talentos)? Estamos convencidos que después de tantos contratiempos, se nos ha obligado a detenernos. Ya algunos hermanos y hermanas han retomado sus antiguos ritmos, ahora vivimos con lo que conocemos “la nueva normalidad”. Otros ya no aguantamos el encierro, otros desean retomar sus antiguas ocupaciones y, claro no está mal. Pero debemos seguir siendo Reino de Dios desde la realidad que nos toca vivir.

            Es necesario ir al gimnasio, salón de belleza, al bar, las ferias, parques, al cine, la manera de ingresar dinero en mi hogar, visitar a mis parientes y amigos; todo lo que usted como yo hacíamos normalmente. Pero detente, hazte la pregunta: ¿te urge hacer todo eso?, ¿qué te atrae de verdad?, ¿en qué quieres consumir tus energías y esfuerzos?, ¿el Reino que nos propone Jesús es un tesoro para ti? De esto nos habla hoy a profundidad el Evangelio.

            Recuerda, saldremos otra vez a las calles, si quieres volver hacer todo como fue antes y no asumir la nueva normalidad de nada te valió el tiempo que te dedicaste para ti. Rehacer tus actividades cotidianas y darles más importancia que el Reino que te ofrece Jesús, te aviso que estás perdiendo un tesoro. Procura seguir perseverando en lo que has podido conseguir en este tiempo para ti y la relación con Dios, todo lo que llegues hacer de ahora hacia delante, construye el Reino de Dios y procura que lo que haces no remplace este tesoro.

Te dejo con este poema hecho por un Jesuita, que nos ayudará a entender mejor este misterio:

Solo tú

Porque nuestros proyectos se desmoronan y fracasan
y el éxito no nos llena como ansiamos.
Porque el amor más grande deja huecos de soledad,
porque nuestras miradas no rompen barreras,
porque queriendo amar nos herimos,
porque chocamos continuamente con nuestra fragilidad,
porque nuestras utopías son de cartón
y nuestros sueños se evaporan al despertar.
Porque nuestra salud descubre mentiras de omnipotencia
y la muerte es una pregunta que no sabemos responder.
Porque el dolor es un amargo compañero
y la tristeza una sombra en la oscuridad.
Porque esta sed no encuentra fuente y nos engañamos con tragos de sal.
Al fin, en la raíz, en lo hondo, solo quedas Tú.
Solo tu Sueño me deja abrir los ojos,
solo tu Mirada acaricia mi ser,
solo tu Amor me deja sereno,
solo en Ti mi debilidad descansa
y solo ante Ti la muerte se rinde.
Solo Tú, mi roca y mi descanso.

            (Javi Montes, sj)

18 julio, 2020

El arte de la enseñanza en Jesús: Mateo 13, 24-43

            Considero importante resaltar la pedagogía de Jesús por medio de parábolas. En el evangelio del XVI domingo del tiempo ordinario, Jesús nos enseña por medio de este arte, el objetivo del Reino de los cielos. El cual, compara por medio de tres parábolas: trigo y cizaña, la semilla de Mostaza y la levadura. Ambos elementos están referidos al trabajo cotidiano del pueblo más sencillo, símbolos de la predilección de Dios. Es un lenguaje humilde, un germen liberador con el que se quiere transformar la vida de la persona y sociedad en general.


            La enseñanza de Jesús, en cada una de estas parábolas parte de un anuncio liberador; que, apuesta por la vida, ya que por encima del mal se impone lo bueno. El Reino del cual nos habla Jesús, está marcado por un nuevo orden social. Este orden se opone a las estructuras imperantes de su tiempo y el nuestro. Es el ideal de una vida nueva, de esperanza, de siembras y cosechas. Y este, solo se entiende desde abajo, es decir desde las luchas sociales, los ideales de mujeres y hombres en la lucha de cada día.

            Como humanidad vivimos insertos en un mundo complejo y misterioso, donde no todo es bueno, pareciera que es una ley de la naturaleza, pues el mal nace junto al bien (trigo y cizaña). Por ello, Jesús nos invita a ver que lo negativo en el Reino de Dios es oportuno: las crisis, los problemas, las encrucijadas de esta vida son una oportunidad para tomar impulso y alzar vuelo. Ciertamente es un momento para crecer, madurar, discernir y responsabilizarnos desde los retos y actos de la vida. Esta pandemia nos está enseñando a convivir con el mal (enfermedad) pero a la vez nos invita a replantear nuestra salud. A priorizar y hacer un mejor cuidado de nuestro sistema inmunológico. Se hizo necesario que llegara el Covid-19 para reconocer lo vulnerable que somos; y darles importancia a las medicinas naturales entre otras cosas, sobre el cuidado que deberíamos haber tenido desde antes. Pero, ¿de verdad nos estamos cuidando o seguimos consumiendo lo mismo de siempre? ¿Estamos retomando una atención sana que nos ayude a vencerlo? Todo proceso de trasformación es doloroso, pero nos hará fuertes para derribar al enemigo.

            En esta misma sintonía, opuesto a los falsos reinos, Jesús propone un Reino justo, es el Reino de Dios el cual no consiste en grandezas, sino en la pequeñez (un grano de mostaza). El cual, cuando crece es capaz de acoger, anidar y dar vida a toda la creación entera. Esta es la experiencia de acogida del sentirnos hermanos, unidos contra el mal, con la capacidad de construir el bien, en ayuda solidaria y equitativa. Este Reino no es estéril, sino un proceso en constante germen, como hace la levadura en la harina. Es la vida que crece y se fortalece a pesar de las adversidades. Definitivamente, Jesús nos motiva a saber convivir entre el trigo y la cizaña; realidad que humanamente no podemos obviar; pero la cual podemos vencer a fuerza de bien. Jesús, nos enseña a sentirnos en familia, en fraternidad, unidad y solidaridad y así seguir, construyendo el Reino de los cielos entre nosotros.


11 julio, 2020

LLAMADOS A DAR FRUTO: Mt 13, 1-23


“La Iglesia es joven cuando es ella misma, cuando                                             recibe la fuerza siempre nueva de la Palabra, de la Eucaristía, de la presencia de Cristo y de la fuerza de su Espíritu cada día”   (Christus Vivit).

 

            Las lecturas de hoy están cargadas de un simbolismo acerca de la actividad que realizan nuestros hermanos campesinos, la «siembra». Con la parábola del sembrador Jesús habla del proyecto del reino a la muchedumbre. El sembrador lleva una sola semilla, pero se encuentra con todo tipo de terrenos, esto condiciona la calidad y cantidad del fruto que se pueda lograr.

            Tú y yo somos el terreno y la semilla es la Palabra de Dios, preguntémonos: ¿cuánto tiempo tenemos de escuchar la Palabra de Dios? Esto equivale a la siembra de la semilla en nosotros, en nuestra tierra, en nuestra vida; sería bueno que echemos un vistazo a nuestro caminar y evaluemos nuestros frutos. Considero que no somos de un solo terreno, ya que las diferentes situaciones de la vida van sumando a nuestra tierra, ya sea minerales que nos hacen más fértiles o químicos que van acabando con la fertilidad de nuestra tierra. De repente aparecen piedras, o zarzas que solo vienen a sofocar el fruto que la Palabra hace germinar en nosotros. Pero, esto puede cambiar si nos dejamos ayudar por la gracia de Dios y ponemos también de nuestra parte.

            Permítanme hacer una analogía con el sistema social actual, él es otro sembrador y trae muchas semillas que suelen ser apetecibles a la vista, pero son transgénicas, dígase (consumismo, egoísmo, individualismo, poder, falsa seguridad, entre otras). Muchas veces nos atraen estas semillas del anti reino, esta es la lucha diaria del cristiano y, es por eso tan necesario el discernimiento, ya que frente a nosotros tenemos la Palabra de Dios que nos invita a servir sin buscar intereses egoístas y están esas otras semillas que nos alejan del camino de Jesús.

            Por tanto, la Palabra ya está sembrada en ti y en mí, ella contiene en sí misma la fuerza vital para germinar, pero debemos limpiar el terreno de todo aquello que no nos deja dar fruto, este trabajo es permanente. Hoy más que nunca, debemos procurar que en nuestra existencia florezcan frutos de vida y de esperanza para toda la humanidad, la creación entera espera de nuestro compromiso con la vida, estamos llamados a ser agentes de cambio.

            Le pedimos a María de Nazaret, que acompañe a la Iglesia en este proceso de conversión permanente. Ella supo disponer el terreno de su corazón y así pudiera germinar el Verbo de Dios en medio de su Pueblo (humanidad). No lo olvides, desde el estado de vida en el que te encuentres, ya sea como soltero, en matrimonio, vida consagrada, etc., tienes un compromiso con la defensa de la vida en todas sus formas. ¡Dios nos bendiga a todos!

04 julio, 2020

REFLEXIÓN DOMINICAL-XIV DOMINDO DEL TIEMPO ORDIARIO: “PADRE, PORQUE ASÍ TE HA PARECIDO BIEN” (Mt 11, 25-30)

    

    Hermanos/as, el texto del evangelio correspondiente a este domingo nos trae un mensaje centrado en la liberación de nuestras cargas. Mateo, nos introduce con una oración de acción de gracias que Jesús eleva al Padre; es una oración muy sentida por su Hijo, es el Reino de Dios proclamado al pueblo sencillo, pobre, marginado y sufrido. Es la voluntad de Dios que el Reino sea para los olvidados de la historia; por esta razón, expresa con energía: “Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien”.[1] No hay duda, que el anuncio de la Buena Noticia es destinado, en su objeto de ser, a los sencillos. Es esta su oración mesiánica más agradable, pues el Reino de Dios ya está presente en su pueblo, en los anawin, pobres de Yahvé.

            El corazón de este texto del evangelio, a mi juicio, está en los versículos 28 al 30; aquí encontramos la invitación de Jesús a sus discípulos y, todos sus interlocutores, a depositar sus cargas solo en Él. Pero, de qué cargas habla, de qué cansancios y de qué agobios; y, sigue complicando más la frase, promete dar alivio, pero pareciera que impone otra carga: “Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su vida”.[2] Nos impone la carga de la liberación, la que solo produce el Reino de Dios cuando abrimos nuestro corazón a su misterio de amor, al enigma de la fraternidad y vida comunitaria plena en Él; esta es la hora de la oblatividad de Jesús para con todos aquellos que quieran apuntarse a hacer efectiva la voluntad de Dios en sus vidas. Aprender de Jesús será entonces, el camino discipular que hoy tenemos que emprender con radicalidad, abandonando toda pesadez que hoy llevamos como personas, como comunidad y como sociedad humana, ¡tantas cargas y fatigas hoy nos impelan en esta oscura realidad!

            Tomar el yugo de Jesús, es comprometerse con su causa, con el Reino de amor que proclama en y para los prójimos. Aquí está el secreto de su yugo llevadero, en que seamos mansos -honestos con capacidad de diálogo, sin cargas negativas que nos consuman- y humildes a la manera de Jesús, tolerantes ante la agresividad del odio del mundo y de tanta gente que no conoce a Dios.[3] En este Reino del que Jesús habla, no hay lugar para la exclusión, no existen diferencias; no hay ley humana que pueda abolir el amor, la fraternidad, la solidaridad, la aceptación y el cuido de los demás como parte inherente de nuestro seguimiento de Jesús. ¡Vivamos lo que creemos y predicamos! De este modo entonces, iniciaremos a llevar el yugo de la liberación que solo Jesús de Nazaret nos ofrece. 



[2] Cfr. Mt 11, 28-29.

[3] Cfr. Mt 11, 30.


27 junio, 2020

XIII Domingo del tiempo ordinario: El Proyecto de Jesús, una entrega permanente (Mt 10, 37-42). El Salvador 28 de junio de 2020

       Seguimos reflexionando hermanas y hermanos, sobre nuestra práctica cristianas, como discípulos y discípulas de Jesús. El domingo pasado, Jesús insistía en no tener miedo, una actitud que nos hace encerrarnos y no ser capaces de dar pasos. Hoy nos hace otra propuesta, poniendo en juego nuestro vínculo familiar. Es muy exigente al decir: “Quien ame a su padre y a su madre más que a mí no es digno de mí; quien ame a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí” (Mt 10, 37). Qué diremos nosotros/as. Esto se podría entender como una actitud bastante egoísta hasta muy injusta por parte de Jesús, el querer limitar nuestro amor de algo que es muy sagrado, “el vínculo familiar”.

            Pero, si hacemos memoria de nuestra unión con Jesucristo, a través del Sacramento del bautismo, esto tiene otro significado. Debemos ser conscientes que gracias al Bautismo hemos alcanzado una nueva condición de vida, una nueva identidad como hijos de Dios y, por tanto, llamados a colaborar activamente con el proyecto de Jesús; un proyecto de amor, de solidaridad y de auténtica justicia. Jesús no pretende despojarnos de nuestra familia, sino, que nos cuestiona acerca de nuestro seguimiento e identidad con él. Muchas veces, algo que es bueno y fundamental para el ser humano -a lo que Dios no se opone-, se puede convertir en un obstáculo para nuestro compromiso como cristianos.

            Y añade algo más fuerte todavía: “Quien no tome su cruz para seguirme no es digno de mí” (Mt 10, 38). Es decir, nuestro seguimiento de Jesús como cristianos, es un camino de muchas encrucijadas. En este camino, vamos a encontrar dificultades, angustias, crisis, pero si de algo debemos estar seguros, es que ¡Dios no abandona a nadie!, mucho menos a aquellos que optan por seguirle con amor y valentía. Con esto el evangelista Mateo, quiere despertar en nosotros esa actitud de discípulos que lo dan todo por el Reino sin reservarse egoístamente todo para uno mismo (cfr. Mt 10, 42). Al final, una vida entregada sin esperar nada a cambio, tiene su recompensa. Esa es la garantía para cada cristiano, para cada hombre y mujer que se decide a entregarse por entero al ser vicio del prójimo, de su comunidad.

            Que el Señor nos de su Espíritu para ser auténticos cristianos, capaces de entregarnos por los demás, ser buenos artesanos del amor y la solidaridad en este tiempo de Pandemia. ¡Feliz domingo para todos/as!

20 junio, 2020

Reflexión dominical 21 junio: "NO TENGAN MIEDO"

Byron Uriel Calero, cmf., nicaragüense de 34 años de edad.
Profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María
I año de Teología


Byron Uriel Calero, cmf.

 Jesús inicia este Evangelio (Mt 10, 26-33) exhortando a sus discípulos a “no tener miedo”, la verdad ya está dada y ellos como fieles testigos han de proclamar esta Buena Noticia. De cierta manera, estas palabras no son tan fácil de digerir, es un reto ya que la primera comunidad cristiana también tiene en cuenta que su maestro ha sido ejecutado, pero les ha ido forjando en el caminar discipular precisamente para que no se hicieran falsas ilusiones.

            Con estas palabras de Jesús, está claro que todos los que nos atrevemos a seguir con radicalidad su Proyecto, corremos el riesgo de compartir de alguna manera su misma suerte. Esto no nos debe robar la tranquilidad, porque quien nos envía a la misión, nos dará la fuerza necesaria para asumir con valentía los retos de la vida discipular. Por eso, Jesús insiste varias veces en este Evangelio a “no tener miedo”. Si nos dejamos amedrentar por el miedo nos paralizamos, el proyecto del Reino no avanza, el mensaje de Buena Nueva se estanca y el misterio de Dios, su amor misericordioso para con todos no sale a la luz, queda escondido y la verdad plena sigue encubierta.

            Se debe tener presente que el miedo pone una barrera entre el ser humano y Dios. Si le damos cabida se apodera de nosotros y en nuestro corazón crece la desconfianza, la inseguridad. Es aquí donde perdemos la libertad interior. Lamentablemente en nuestra sociedad hay diversos miedos que hacen sufrir en el silencio a muchas personas y atrapados en él, pierden de vista a Dios dejándolo en segundo lugar; siendo así, la vida se apaga poco a poco, se pierde la esperanza y la alegría va desapareciendo.

            Nuestros pueblos atemorizados por muchos poderes que buscan su propio bienestar, plagados de injusticia y corrupción se olvidan de su deber de garantizar una vida más justa para aquellos más necesitados. Por eso, el compromiso cristiano nos debe interpelar a no callar, sino, que debemos alzar nuestras voces para que dejemos la pasividad, asumamos responsabilidades y tengamos el coraje de asumir riesgos como muchos mártires que han ofrendado sus vidas anunciando la Buena Noticia, pero también, denunciando con valentía las injusticias que lapidan a los más pobres e indefensos.

            Jesús insiste: “no tengan miedo”, quien se pone de su parte nada ha de temer. A la vez nos invita a reconocerle, pero, que difícil se nos hace reconocerle en el hermano enfermo, necesitado, en aquel ancianito olvidado o en tantos rostros que a diario nos encontramos en la propia familia, en la comunidad cristiana, en la calle. Este tiempo de incertidumbre a causa de muchos virus que nos amenazan, tenemos que poseer una fe robusta para ir en contra del miedo y creer que un futuro mejor es posible.

            Que el Dios de la vida nos ayude a quebrantar los miedos que nos atrapan y, habite en nuestro corazón el verdadero amor con espíritu de servicio.

12 junio, 2020

“Yo soy el Pan vivo, bajado del cielo” (Jn 6, 51)

Eduardo A. Carranza A., cmf., hondureño de 25 años de edad.
Es profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
I año de Teología.

E. Eduardo A. Carranza A., cmf.

Hoy celebramos la solemnidad del Corpus Christi, la cual nos recuerda la singular importancia que Jesús daba al comer con otros en torno a una misma mesa. Descubrir las raíces últimas, culturales y religiosas de este sacramento de la Iglesia, que se remonta a la última cena de Jesús con sus discípulos, es un reto para una comunidad y para cada uno de nosotros, ya que como dice el Vaticano II, este sacramento es como la «culminación de toda la vida cristiana» (LG 11) y también en cuanto en él «vive, se edifica y crece sin cesar la Iglesia de Dios» (LG 26).

La Eucarística es un sacramento que siempre se renueva desde el compromiso comunitario, solidario y fraterno. En cada Eucaristía acontece siempre algo nuevo para nosotros, porque siempre tenemos necesidades nuevas, las cuales nos conducen a confiar en el resucitado. Por ello, los textos de la liturgia de hoy están transidos de ese carácter inefable que debemos buscar en este sacramento.

Hay un elemento que puede iluminarnos, cuando los seguidores de Jesús se volvieron a reunir tras su muerte, ahora ya sin Jesús, con la sola fuerza en la convicción de su nueva presencia resucitada, hasta el punto que podemos hablar de la comunidad del Resucitado, lo hacen, como nos relatan los textos del Nuevo Testamento, celebrando una comida y partiendo y repartiendo el pan, tal como lo habían visto hacer al mismo Jesús. Es más, las narraciones sobre Jesús, que después pasaron a ser relatos a cerca de Jesús, origen de los Evangelios, se fraguaron en estas comidas de fraternidad.

El sencillo pueblo cristiano, y en lucha frente a las autoridades eclesiásticas, comprendió de una forma más plena y auténtica el sentido profundo de la cena del Señor, esto es, el memorial por el cual Jesús se hace ‘real’, simbólica y sacramentalmente, bajo las especies y signos el pan y el vino en torno a una mesa compartida.

Comulgar, ya en cristiano, no es solo recibir un sacramento, es estar comprometido con una llamada y con un seguimiento. Comulgar quiere decir compartir, hacerse solidario. Dios, por así decirlo, se superó a sí mismo, tras la liberación de la esclavitud de Egipto y la constitución del pueblo de Israel, con la Katábasis o Encarnación de su Hijo. La solidaridad de Dios con el hombre llega hasta el extremo en Jesús, confesado como el Cristo, quien dio su vida por toda la humanidad.

La fidelidad de Dios hacia su pueblo se ha convertido en Jesús, en promesa de vida eterna, en una eternidad que transciende el tiempo histórico y que va más allá de nuestra muerte corporal. En su comunión con Él participamos ya, como enseñan los Padres de la Iglesia, de la divinización, porque toda la humanidad está orientada a ver a Dios cara a cara y a morar en su santuario.

La actual pandemia (Covid-19) nos está retando como humanidad. No hay país o grupo humano que esté libre de esta lacra. Cada día algo es más claro: solo podremos superarla con el esfuerzo y el aporte de todos. Tenemos la oportunidad de crear nuevos lazos de encuentro y comunión solidaria entre todos. Ojalá que al salir de esta crisis seamos todos mejores personas, más preocupados, solícitos y solidarios con la suerte de los demás y comprometidos con nuestro planeta.

 


06 junio, 2020

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Pablo Moreno, cmf., nicaragüense de 26 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
I año de Teología.

E. Pablo Moreno, cmf
Después de la fiesta de pentecostés, génesis de la misión evangelizadora de la Iglesia, damos paso a la solemnidad de la Santísima Trinidad (Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo). Esta fiesta nos recuerda la presencia de Dios Uno y Trino en la humanidad, con la que muestra su amor entrañable y misericordioso. San Juan hoy nos relata, que, Dios es quien entrega a su único Hijo por amor puro, para la salvación del mundo.
Como creyentes, debemos tener la plena convicción que todo es posible para quien tiene fe. El mismo Jesús nos enseñó y demostró con su vida que el amor es más fuerte que la muerte, que el perdón triunfa sobre el odio, que la misericordia es gratuita y todo es posible para quien cree. Es decir, no hay dificultad o problema que no se puedan superar, no hay nada imposible para quien cree en el Hijo de Dios.
¿Qué significa creer en Jesús?, ¿qué significa la nueva vida?, ¿qué significa que Jesús vino a este mundo, entregar su vida, experimentar la muerte y resucitar? Reflexionar a profundidad el evangelio de hoy nos ayuda a encontrar las respuestas a estas interrogantes. En él se nos da una de las claves centrales del plan salvífico de Dios, se resume la misión de Jesús y su Espíritu, la Buena Nueva de su mensaje. Un problema de interpretación de este texto es que, al ser bastante conocido se hace común que no nos detenemos a reflexionar cada palabra. No caemos en cuenta de la inmensidad del amor de Dios que se muestra en su único Hijo; el evangelista nos afirma que Dios envió a su Hijo, “para que todo aquel que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16). Todo aquel que reciba al Hijo, se convierte en hijo y amado de Dios y este amor del Padre lo capacita para amar a los demás.
Así pues, Dios Padre envió a su Hijo, no para condenarnos y castigarnos, sino, para mostrarnos su amor y su misericordia. Jesús antes de subir al Padre nos prometió su Espíritu, quien ahora inspira nuestra vida en medio de las adversidades. Toda la humanidad está llamada a reconocer al Dios de la vida y servirlo en su familia. María, la mujer que supo entregarse generosamente y para siempre al encargo divino, acompañe este proceso de crecimiento en la fe frente al misterio de la Santísima Trinidad.

31 mayo, 2020

LLAMADOS A EVANGELIZAR CON NOVEDAD Y ESPÍRITU

Fabio A. Rivas G., cmf., nicaragüense de 26 años de edad
Es profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
II año de Teología.
PENTECOSTÉS: 
Juan 19, 20-23 y Hch 2, 1-11

E. Fabio A. Rivas G., cmf.

En el día de pentecostés los discípulos del Señor sintieron su presencia, todo por manifestación de su Espíritu. Es lo que hoy leemos en los textos de la liturgia de la Palabra de este domingo; una verdadera experiencia entorno a la órbita novedad de la Ruah -en hebreo, es el soplo que posibilita la existencia, la base de todo lo que vive, es un término femenino, "la Espíritu"-, el Espíritu del Señor que sopla sobre sus discípulos para capacitarlos y animarlos a ser sus testigos.
En este contexto desolador y sin rumbo en el que vivimos hoy, el pentecostés debemos vivirlo de una manera más presentista, pues, muchos no sabemos qué hacer y cómo interpretar los signos que últimamente se nos presentan. En los hechos de los apóstoles se nos narra cómo estaban todos reunidos -los discípulos temerosos de Jesús y su Madre, María- en el cenáculo; es en esa realidad de estar sin cause, sin rumbo, solo orar como comunidad amparándose en una mujer, María, que claro está fue la única que, desde su llenura del Espíritu en la Encarnación del Hijo, nunca se fue de ella. Es ella la que representa la plenitud de los dones del Espíritu, en ella Dios hizo y sigue haciendo grandes proezas; no está en el texto de los Hechos como relleno histórico. Es en ella que podemos ver la presencia de Dios como la fiel y magnánime discípula, que, a decir verdad, no alardeó siempre estuvo con Él y en su Inmaculado Corazón todo lo guardó.
En ese pentecostés todos hablaban diferentes leguas, y como fuego el Espíritu del Señor se manifestó en los doce y en María. A partir de ese momento histórico la Iglesia se re-funda, con ánimo, fuego, esperanza y capacitación de los enviados; así fue y, hoy quiere serlo en nuestras familias en estos tiempos desoladores y desconcertantes. Al terminar la pandemia, tenemos que volver con un nuevo impulso misionero a ir donde el Señor nos envíe, aunque desde ya vos y yo estamos llamados, por el bautismo, a evangelizar por todos los medios posibles que hagan efectivo el Reino de Dios como espora que renace donde todo parece confusión y desierto.
Por último, recordemos los dones y los frutos que solo da el Espíritu Santo; no somos garantes de la misión del Maestro por nuestros méritos, es Él quien nos capacita para ser enviados. Hermanos y hermanas, que hoy Jesús sople sobre nosotros nuevamente y nos regale su paz y su Espíritu para que seamos capaces de hacer la voluntad del Padre en este momento de la historia, un nuevo Kairós nos espera, es el tiempo de Dios que nos hace renovarnos para dejarnos amar por Él, dejarnos abrasar por su amor y fuego y, sobre todo, dejarnos capacitar en su misterios esperanzador teniendo sus sentimientos, sus intenciones, sus miradas y sus dones; todo para la mayor gloria de Dios y el bien de las almas. ¡Envíanos tu espíritu Señor y haremos nueva tu misión!

23 mayo, 2020

Ascensión del Señor: subir, para ser enviados



 E. Jorge Morales, cmf

Jorge Morales, cmf; nicaragüense de 22 años de edad.
Neoprofeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
I año de Teología
El evangelio de hoy (Mt 28,16-20) nos invita a ser misioneros. El subir al monte es llenarse de Dios, de su Espíritu y, nos capacita para ser enviados. Es por eso que, como seguidores de Jesús, no podemos quedarnos solo con la contemplación, ya que se minimiza su valor cuando no va acompañada de un testimonio de vida. Jesús supo conjugar la contemplación y su acción luego lo enseñó a sus discípulos.

El Evangelio refleja una dimensión muy importante para nosotros misioneros claretianos, el ser “Oyentes y Servidores de la Palabra”. Los discípulos han sabido escuchar la voz de Jesús que les llama, “aunque algunos titubeaban”. Esta experiencia de llamada y envió no la debemos reducir solo a los presbíteros, religiosos o religiosas, es el bautismo el que nos da la gracia de ser misioneros evangelizadores; muchas veces, caemos en la comodidad y no queremos salir de nuestras zonas de confort, ya que estamos acomodados y no queremos que nada ni nadie nos desestabilice. Sin embargo, la llamada de Jesús nos viene a hamaquear -como cuando nos ponemos de pie en un cayuco en alta mar-, nos estremece con sus palabras.

Como Oyentes y Servidores de la Palabra, debemos dejarnos tocar por Jesús, que se acerque a nosotros; que Él sea nuestro centro y, aunque caminemos a tientas, dejemos que Él sea nuestra guía. En varias ocasiones, nos ha tocado escuchar a la gente en sus dolores y en sus crisis, estamos llamados a valorar este tiempo. El Papa Francisco dice que: “sepamos perder el tiempo con ellos”, especialmente con los jóvenes, que hoy en día buscan que alguien les oriente en su caminar diario.

¡Somos Misioneros!, esta es nuestra identidad y la hemos recibido como mandato del mismo Jesús. Enseñar es nuestra tarea, no es cualquier enseñanza, es mostrar a ese Jesús que ha resucitado y vive entre nosotros; ese Jesús que quiere que su proyecto del Reino llegue a todos sin exclusión alguna. Es por eso, que nos pide hacer más discípulos por medio del bautismo; debemos recordar que como bautizados, todos somos misioneros, todos participamos de la misión encomendada por Jesús a sus seguidores.

El evangelio termina con esta frase: “sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. Dios en Jesús ha cumplido su promesa, ahora Jesús la sigue cumpliendo por medio del Espíritu. No lo olvidemos, somos misioneros y misioneras, es nuestra identidad de bautizados en el Espíritu. Aprendamos a ser Oyentes y Servidores de la Palabra, en este momento en que nos toca vivir. “Escuchemos a Dios donde la vida clama, ahí el Señor nos llama”, no seamos sordos a su voz y aunque titubemos no nos desanimemos.

16 mayo, 2020

No estamos huérfanos, el Espíritu de Dios nos respalda


Reflexión dominical 17 de mayo: Jn 14, 15-21

Josué Lemus, cmf., hondureño de 31 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
IV año de Teología.
E. Josué Lemus, cmf

         Si me aman guardarán mis mandamientos.
Podríamos decir que el único mandamiento que Jesús nos deja antes de volver al Padre, lo leemos en Jn 13,34: “les doy un mandamiento nuevo, que se amen los unos a los otros”. Muchas otras enseñanzas nos dejó Jesús durante su vida, pero todas ellas están ligadas directamente al amor. Ama y has lo que quieras nos dice san Agustín. Cuando nos mueve el amor, todas nuestras acciones irán en función del bien común, sin perjudicar a nadie.
Ese amor nos permite entender que no estamos huérfanos, Dios nos da su Espíritu para que esté siempre con nosotros. Efectivamente, Dios no se muda, Él nos habita, en Él existimos y nos movemos. Es difícil entender esto cuando reducimos la presencia de Dios a meros ritos litúrgicos, en un determinado lugar; esto nos lleva a sentir que Dios no está con nosotros cuando no realizamos, de manera física, dichos cultos, es lo que puede estar pasando en esta situación de cuarentena. Hermano, hermana, Dios está en su casa, con ustedes, actuando por medio de ustedes, Él no se da vacaciones, ni está en cuarentena, dese la oportunidad de redescubrirlo.
El mundo no me verá, pero ustedes sí, porque vivo en ustedes. En esta ocasión, el evangelista hace referencia al mundo, como aquello que se opone al proyecto del Reino de Dios. Cuando seguimos los criterios humanos, egoístas, interesados y opresores, entonces somos parte de este mundo; esas actitudes nos impiden ver y reconocer a Dios. En cambio, aquellos que se dejan iluminar por el Espíritu de Dios, son capaces de reconocer su presencia en el otro, en las acciones que van en favor de la vida digna y abundante.
El que me ame, el Padre lo amará y yo me manifestaré en él. Jesús hace referencia al poder trascendente del amor. No es un puro sentimiento -corazoncitos flechados-, como muchas veces lo queremos hacer ver. Este amor va más allá de nuestros límites humanos, es el mismo Dios amando por medio de nosotros. El amor que se nos da no es egoísta, cuando me siento de verdad amado por el Padre, mi actitud será de amor a los demás.
Este amor desinteresado no se entiende en el mundo egoísta, acostumbrado a moverse por intereses. Un mundo dedicado a cuidar el orden establecido por la economía y el poder. Pero la invitación hoy, es a sentirnos acompañados y respaldados por el Espíritu de Dios, el mismo que hizo posible su encarnación en la humanidad, ese Espíritu está con cada uno de nosotros.


09 mayo, 2020

Jesús, camino que conduce a la vida


Evangelio según San Juan 14, 1-12

David Martínez, cmf., hondureño de 32 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
IV año de Teología

Las lecturas de este quinto domingo de pascua nos proponen tres pilares fundamentales para el seguimiento: camino, verdad y vida. Es la propuesta de la comunidad joanea en entorno a su experiencia con Jesús resucitado. En todo momento comunitario y, especialmente aquellos instantes que se tornan oscuros, llenos de dudas y de incomprensiones, nuestro centro debería ser Jesús. La presencia de Jesús vivo, abre caminos de esperanza y de fe; su estar entre nosotros es signo vida.  El Dios que revela Jesús es respuesta para los momentos más críticos de la existencia, estar en Él, es estar en el camino. Sabemos bien, que nuestros tiempos están marcados por el dolor, la angustia, el hambre, la muerte, la soledad, la pobreza, la indiferencia y la enfermedad; sin embargo, muchos pasan de largo. El encuentro con el resucitado trae nuevos tiempos, Él mismo nos lo dice: “no pierdan la paz”.
En esta misma sintonía, el camino de Jesús marca nuevas posibilidades. Sobresale la dignidad, la equidad, el bien del otro, con la promesa de, “muchas habitaciones” donde Él mismo nos prepara “el sitio”. Para ello, es necesario conocer al Jesús que seguimos, desconocerlo provoca ceguera, incapacidad, ignorancia, al momento de experimentarlo en la vida cotidiana. A los mismos discípulos les era difícil comprender, que, estar con Jesús es estar ya, en ese camino que conduce a la vida. Esto lo vemos reflejado en la pregunta de Tomás: ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le responde: “Yo soy el camino la verdad y la vida”. Pero, su misma ceguera les imposibilita reconocerle como único camino que lleva al Padre; ante ello, Felipe le dice: “muéstranos al Padre y eso nos basta”. La respuesta de Jesús es “que el que le ha visto a él, ha visto al Padre”. Hoy en día, ¿cuáles son las cegueras que me impiden reconocer al Hijo del Padre en mí caminar? Decimos seguir a Jesús, pero somos incapaces de reconocerle, en la caricia de una madre a su hijo por ejemplo. Esta es, a mi juicio, una de las imágenes de Dios reflejadas en este evangelio.
En este sentido, permítanme hacer una analogía, la cual considero tiene relación con el final de la enseñanza de Jesús: “el que crea en mí hará las obras que hago yo y las hará aún mayores porque yo me voy al padre”.  Los caminos de Dios están marcados por una riqueza de vida expresada en amor, cariño, ternura, sacrificio, dolor, hambre, desvelos etc. Pero estas, pueden pasar por alto en la vida ordinaria; porque seguimos con la necedad de ver al Señor solo en lo trascendente. Sin darnos cuenta, que esas obras mayores de las que habla Jesús son tejidas por manos encallecidas por el trabajo, por una vida de desvelos, lágrimas, dolor, sufrimiento, rechazo e incomprensión. Todas las palabras antes dichas, se condensan en la imagen del Padre que revela Jesús en su Evangelio; se reafirman o revelan en la palabra ¡Madre!
¿Quién después de Jesús en simbolizar la humanidad de Dios en la vida ordinaria?, yo diría que la figura de una Madre. Y, aquel que no es capaz de verlo es un ciego. Ellas han hecho cosas mayores, las cuales han sido descritas en esta reflexión, por ello, son la perfecta analogía de las cosas enseñadas por Jesús, desde la ternura y manifestación de Dios a la humanidad. Desde este anuncio de vida, felicitamos a las Madres salvadoreñas, hondureñas y guatemaltecas hoy 10 de mayo; y con ellas, a todas las madres del mundo. Quienes, desde su entrega diaria, son testimonio vivo de las palabras de Jesús: camino, verdad y vida.

03 mayo, 2020

REFLEXIÓN DOMINICAL: EL BUEN PASTOR



“El Señor es mi pastor, nada me falta; 
Bismark Sánchez, cmf., nicaragüense de 26 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
IV año de Teología.
me conduce a fuentes tranquilas, ningún mal temeré”.[1]
En este Domingo cuarto del tiempo pascual, contemplamos la imagen del Buen Pastor. Jesús se aparece resucitado como el Pastor que dirige, protege, guarda y anima a su rebaño conforme al mandato de Dios que lo ha enviado para que cuide de su pueblo, y venga en rescate por lo que estaba por perderse.
La figura del pastor y su rebaño, ha tenido gran impacto en la cultura campesina, en ella se visualiza el trabajo del pastor, él cómo las cuida, las reúne para que no corra el peligro de que se las robe el ladrón. Es una imagen valiosa que vale la pena no perder de vista en el contexto bíblico. Además, la Biblia está llena del simbolismo de pastores, empezando desde el Antiguo Testamento, hasta llegar al Nuevo Testamento con Jesús como el Buen Pastor que por proteger el rebaño termina muerto en la cruz.
En el texto de Juan 10,1-10, Jesús se dirige a los fariseos, y les habla sobre sus cegueras: “Yo les aseguro: el que no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y asaltante; pero el que entra por la puerta es el pastor del rebaño”. En verdad, Jesús se presenta con una identidad clara “yo soy”.
Este yo soy de Jesús, ante los fariseos, indica que Él es el único pastor que sabe cuidar de las ovejas, el pastor que no ha llegado no para matar, ni robar y destruir sino para dar vida en abundancia. Incluso, les echa en cara, que los pastores que han llegado antes que Él, es decir los jefes religiosos y políticos, han sido unos ladrones que no les interesa las necesidades del pueblo, al contrario, los engañan y abandonan. Por otra parte, las ovejas saben escuchar la voz del pastor; pues sus ovejas si le conocen su voz, por eso no huyen de Él, no se escandalizan, no viven con hambre ni sed porque las sabe pastorear.
La alegoría del Jesús pastor, es el auténtico, el único que puede conducir a su rebaño; por eso, se distingue de otros malos pastores que han venido solo para aprovecharse del rebaño, se han presentado como salvadores, pero, han venido solo a robar, y destruir. Jesús no solo es el pastor sino también la puerta por donde pueden acceder las ovejas. Como podemos ver, el pastor corre el peligro de ser perseguido, y rechazado por el mismo pueblo, y esto ha sido el pago que le dieron a Jesús, fue rechazado, calumniado, azotado hasta llegar a la muerte en cruz.
En nuestro tiempo, la llamada es a ser pastores que escuchan la voz de los demás, el clamor de la humanidad sufriente que atiende las necesidades, que no se es indiferente ante lo que acontece en el mundo. Ser pastores que velan por el bienestar social, político-económico y religioso, pastores que desde la familia son ejemplos del cuido y protección.


[1] Schökel, Luis A., La Biblia de Nuestro Pueblo. Ediciones mensajeras, Bilbao, España, 11ª edición, 2010, (Salmo 22).

26 abril, 2020

REFLEXIÓN DOMINICAL: 26 DE ABRIL DE 2020


 La compañía del resucitado en Emaús (Lc 24,13-35)

Norlan A. Ramires, cmf., nicaragüense de  35 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
IV año de Teología.
Por Norlan Antonio Ramíres, cmf

En este III domingo de pascua, Jesús nos sigue interpelando con su nuevo proyecto de vida. En este relato evangélico, Jesús pone en tela de juicio nuestra actitud como cristianos; tres actitudes fundamentales se nos presentan en este Evangelio: el llamado a la esperanza, el dejarnos impactar por su mensaje y la sensibilidad para reconocer a Cristo en los gestos concretos de nuestra vida.
En un primer momento, se nos presenta a dos de los discípulos de Jesús, comentando lo sucedido en Jerusalén. Van desconcertados, han perdido la ilusión, sobre todo la esperanza, dejando entrever, la sequedad de nuestra vida de fe, y la falta de confianza en la voluntad del Padre. Cuando no hay esa confianza en el padre y nos aferramos a nuestros criterios humanos, nuestra vida como creyentes, se torna confusa, un callejón sin salida. Cuando la vida del cristiano está carente de fe, su vida termina en decepción, en frustración y tristeza.
En medio de nuestras angustias, siempre está la compañía del Padre, que para experimentarla es necesario dejarnos acompañar. Mientras los discípulos van distraídos, con actitud de derrotados y humillados, Jesús se pone a caminar con ellos y les dice: “¿De qué van conversando por el camino?”; Jesús entiende de sufrimientos, de tristezas y humillación, por lo tanto, comprende el sentirse abandonado. Con la misma pregunta que Jesús dirigió a los dos discípulos, nos quiere decir hoy también: ¿por qué se distraen en cosas que les perturba la vida como cristianos, como creyentes? ¿Qué es lo que nos distrae y nos obstaculiza la novedad de Jesús que es el amor y la solidaridad?
Jesús, como un buen pedagogo, se pone a explicarle las escrituras. Es decir, comienza a rectificar el camino del discípulo. La Escritura se convierte para todo cristiano, en nuestro mapa, nuestra brújula que va guiando nuestros pasos. Con este gesto pone en evidencia que nuestra vida de fe debe ser una continua formación, un dejarnos guiar por el Espíritu. Ya lo dice el canto, la Biblia es palabra de vida. En esta tónica, nuestra vida debe estar fundamentada y alimentada en la Palabra; este es un alimento que poco lo reconocemos, porque nuestros apetitos son otras cosas, fácil mente nos dejamos llevar por el sabor perverso del mundo.
Otro de los gestos hermosos de Jesús que nos conmueve, es la actitud de sentarse a la mesa a compartir el pan con los discípulos. La vida nuestra, es una experiencia de compartir con los demás. Esta es la actitud que todo bautizado debe asumir, estar siempre al servicio del prójimo. La Eucaristía es una gracia, pero al mismo tiempo es un desafío. No se trata de vivir en ambigüedades, sino de una vida coherente, buscando siempre la comunión con el otro, la otra, sin esperar nada a cambio. Esta propuesta de Jesús, es una dura crítica para las políticas de este mundo, que nos incita al individualismo, egoísmo, haciéndonos cada vez más encorvados, sin poder ver las necesidades del prójimo. 
Pidamos pues hermanos y hermanas, que nuestra vida sea siempre una Eucarística, de modo que podamos darnos y repartirnos como pan a los demás.