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03 octubre, 2011

Materiales para el octubre claretiano

Presentamos materiales diversos para desarrollar durante este mes de octubre, mes de las misiones y de Claret.  Iremos agregando algunos más poco a poco.

Para ver mejor cada material deben dar doble clic sobre la imagen en el cuadro y se abre al tamaño de la pantalla, pueden acercar o alejar para leer, así como decargar el archivo.  Para descargar dan doble clic sobre el ícono de impresora, los envía a la  página ISSUU, y allí le dan descargar en una cajita gris con una flecha que apunta hacia abajo o imprimir, saldrá también la opción de guardar en el equipo...

Pueden copiar los embed para postearlo en Facebook u otras aplicaciones.



Material para jóvenes de escuelas secundarias



Material para niños de primaria


Celebración de envío a la misión para Agentes de Pastoral

16 julio, 2009

160 AÑOS DE FUNDACIÓN


"HOY COMIENZA UNA GRANDE OBRA"

El día 16 de Julio de 1849, hallándonos ya reunidos, con aprobación del señor Obispo, empezamos los santos ejercicios espirituales en el Seminario nosotros solos, con todo rigor y fervor. Como cabalmente en este día 16 es la Santa Cruz y de la Virgen del Carmen, por tema de la primera plática puse aquellas palabras del salmo 22, 4: "Tu vara y tu callado me sosiegan". Aludiendo a la devoción y confianza que hemos de tener en la santa Cruz y en María Santísima; aplicando además todo el salmo a nuestro objeto. De aquellos ejercicios todos salimos muy fervorosos, resueltos y determinados a perseverar y, gracias sean dadas a dios y a María Santísima, todos han perseverado muy bien. Dos han muerto y se hallan actualmente en la gloria del cielo gozando de Dios y del premio de sus trabajos apostólicos y rogando por sus hermanos. (Autobiografia n. 490).


ENTREVISTA AL P. GENERAL JOSEPH ABELLA, CMF

¿Cómo se vive y se incultura el carisma claretiano en los diferentes lugares del mundo donde tenemos presencia?

Yo creo que lo fundamental del carisma claretiano es vivirlo todo en clave misionera. La espiritualidad y la oración en clave misionera. En la oración sentirse interpelado, llamado por Dios, sentirse enviado; en la relación con las personas tener esa capacidad de intuición para saber encontrar aquella palabra que la gente necesita, aquella actitud con la que se debe acompañar, aquella acción que está precisando para abrir nuevos horizontes en su vida. Es también esa sagacidad para saber leer los signos de las culturas y saber encontrar el camino preciso de anuncio del Evangelio en esa cultura. Es también vivir la comunidad en clave misionera como aspecto fundamental del carisma claretiano. Pero es una comunidad, que vivimos para experimentar la fraternidad y sentirnos enviados a la misión, en la comunidad retroalimentamos el espíritu misionero, de modo, que luego podamos salir enviados y compartir esa experiencia con los demás. Yo diría que lo fundamental es vivirlo todo en clave misionera.

¿Cómo prepararnos hoy para enfrentar los desafíos de nuestro mundo, concretamente de cara a la misión?

Ciertamente la oración y el estudio son dos puntos fundamentales sobre los que hemos de construir nuestra vida misionera. Una oración y un estudio profundos, serios; con una orientación misionera. Ese recoger en la oración, que no sea simplemente el proyecto misionero, digamos; la conclusión de un cálculo o un análisis que hemos hecho nosotros, sino que sea consecuencia de este análisis visto e iluminado desde la palabra de Dios, esto es lo que nos trae la oración. El estudio igual, no es simplemente para saber más, lo cual es importante; sino, es para capacitarnos, para poder dialogar más y mejor con las personas a quienes vamos a comunicar el anuncio del evangelio. Otra cosa importante es estar atentos a la realidad, las respuestas no pueden ser fáciles y ahí viene todo el tema de la inculturación que nace precisamente de una atención a la realidad. Otro aspecto muy importante es amar a la gente a la que uno ha sido enviado. Yo no entiendo a un misionero que es enviado a un sitio y está todo el día criticando a las personas con quienes está conviviendo y trabajando. El misionero es aquel que sabe ver críticamente la realidad, también la realidad de las personas, pero que sabe amarlas y de ahí nace toda esta dimensión de saber entregarse a ellas. Luego otro aspecto muy importante para la misión, es aprender a trabajar con otros, la complementariedad, que yo no lo tengo todo ni soy el superman que lo puede dar todo, a mi me toca aportar algo y a los otros también, esa complementariedad me parece importante, por decirte algunos rasgos, seguramente habrá muchos más.

Nuestra espiritualidad desde la alegoría de la Fragua. ¿Qué dinamismos hemos de potenciar para cultivar nuestra espiritualidad claretiana?

La imagen de la fragua es muy buena para expresar el proceso que vamos siguiendo para llegar a una configuración con Cristo evangelizador, que es el núcleo de la espiritualidad claretiana, el primer aspecto es el conocerse a sí mismo como una persona amada por Dios, una persona de comunidad. El segundo es abrirse al amor del padre, acoger su palabra, y el tercero el dejarnos entusiasmar por Jesús, el dejar que el Espíritu vaya transformándonos. Luego viene toda la respuesta que damos a la misión, esto es lo que ha ido configurando el camino del padre claret. Él tenía sus proyectos, su ilusión en la fabricación textil y aquella palabra “para qué sirve todo esto, si uno pierde su alma”, es lo que se repite a lo largo de la vida, es saber conocernos y dejarnos cuestionar por la Palabra que nos abre nuevos horizontes y por la fuerza del espíritu, saber lanzarnos a donde Jesús nos envía.

En este momento histórico concreto: ¿Qué significa ser claretiano hoy?

Significa ser misionero. Esto es fundamental y serlo al estilo de Claret, con creatividad y cercanía a la gente, abierto a la colaboración de los laicos, con ese tono de cordialidad y ternura que le da la dimensión cordimariana, etc. Pero ser claretiano hoy significa sobre todo estar muy atento a la realidad para ver que tipo de respuestas necesita. Ciertamente desde hace 30 años que se hizo ese proyecto global de evangelización para toda la congregación, que se llamó: “La misión del claretiano hoy”. Bueno los tiempos han cambiado y hemos de ver cómo expresar esa misionariedad en las distintas culturas y en un mundo globalizado. Yo creo que las opciones que estaban en ese documento: la evangelización misionera, la opción por los pobres, la apertura al diálogo con la cultura, una evangelización profética transformadora y multiplicadora de líderes siguen siendo válidos. Pero hay todos unos retos nuevos, que nos hacen entrar en una dinámica de diálogo distinto, el diálogo interreligioso, dialogar en comunión de vida con otras personas viven su fe desde otras creencias religiosas, será también cómo dialogar con las culturas, la tensión a saber dialogar con la cultura juvenil, con todos los problemas que tiene el mundo de la juventud. Será saber ubicarse ante un nuevo clima de violencia, cómo ir integrando estos desafíos ya que todo esto nos va a exigir una espiritualidad más profunda, dar un testimonio de comunidad mucho más vivo y buscar nuevos modos de nuestra presencia.

¿Cómo miran ustedes nuestra Iglesia Centroamérica desde otras latitudes del mundo?

Los claretianos la vemos como un lugar donde todavía existe una fuerte religiosidad popular que hay que ir acompañando para que se convierta en una confesión de fe madura de la gente, para que se convierta en fuerza de cohesión de la comunidad y para que también sea fuerza de transformación en la sociedad. Luego todo el tema de las culturas autóctonas que han sido abandonadas durante muchos años y que hay que acompañar y respetar y las que hay que demostrar un cariño especial en este momento. Todo el tema de las comunidades de base que creo que ha sido algo muy inspirador para toda la Iglesia, sobre todo esa lectura de la palabra como una característica fundamental de la Iglesia. Y todo el esfuerzo que ha hecho la Iglesia de acompañamiento a las grandes masas de pobres esas presencias significativas de la Iglesia que ha producido tantos mártires en esta Iglesia de América Latina que creo que es una Iglesia con una historia martirial reciente que es muy cuestionadora para todos, porque nos habla de la gran calidad de catequistas, obispos, sacerdotes, religiosas. En general la vemos como una Iglesia en esperanza y también como una Iglesia plural donde hay muchas tendencias y eso también es verdad, no la podemos idealizar, hay sentencias de todos los tipos, pero en definitiva una Iglesia que puede aportar a la Iglesia universal.

El P. General da un mensaje a nuestros lectores de “Construyendo el Reino”:

Ante todo gracias, por acompañarnos y por apoyarnos en este camino y por apoyarlos también a ustedes en la profundización de su propia vocación. Luego que deseamos caminar juntos con todos ellos y lo deseamos hacer desde la opción radical del seguimiento de Jesús que para nosotros en muy importante. Luego también que nos gusta gozar de su amistad como algo muy humano que ayuda a crecer a todos y que no pierdan nunca la esperanza.

18 junio, 2008

BOLETIN 15

SEGUIMOS CONSTRUYENDO EL REINO

Estimados amigos y amigas de Construyendo el Reino. Nuevamente nos dirigimos a ustedes a través de este medio. Después de tantos meses sin escribirles, queremos compartir con ustedes las novedades en nuestra casa formativa del Teologado Claretiano.

Empezamos por decirles que ya no hablamos de casa formativa de Armenia, pues aunque todavía queda un grupo por allá, la mayoría de nosotros nos hemos venido a vivir más cerca de San Salvador. Hoy estamos viviendo en la Colonia La Sultana, muy cerca de la UCA.

Todavía nos queda la nostalgia de haber dejado Armenia. Fueron diez años de vida, diez años de compartir. Armenia nos abrió las puertas en El Salvador para iniciar una experiencia formativa. ¡Y realmente que fue formativa! Armenia nos enseñó a acercarnos al pueblo salvadoreño, a conocerlo por dentro, a aprender de sus valores, de sus luchas, de su capacidad de trabajo. Armenia nos reveló también la dura realidad de las maras, de jóvenes que se mataban unos a otros. Conocimos la vieja Armenia, la que fuera destruida por los terremotos del 2001.

Vimos nacer una nueva Armenia, la que nunca muere, signo de un pueblo salvadoreño que no se rinde y que en medio de las ruinas todavía dice ¡Armenia Vive! La nueva Armenia nos fue enseñando una nueva forma de presencia y acompañamiento al pueblo; nos enseñó que el Evangelio se predica en la Iglesia, con la Biblia en la mano; pero también con la gente, en las comunidades, fomentando organización y acompañando procesos comunitarios.

Este año -2008- hemos salido de Armenia. Vivimos ahora otra realidad. Como misioneros se nos ha pedido movernos. Así, el 10 de marzo nos trasladamos a la nueva casa de La Sultana. El propósito es que los jóvenes misioneros en formación puedan estar más cerca de la Universidad y así fomentar otros espacios formativos, que les ayuden a una mayor cualificación misionera. Ahora es el tiempo de poner en práctica todo lo que vivimos en Armenia. Es otra realidad, y ha costado aceptarla y asumirla. Pero poco a poco vamos adaptándonos, descubriendo otras dinámicas y otras potencialidades en nuestra formación que antes no teníamos del todo desarrolladas.

Desde La Sultana, continuamos el trabajo apostólico en los diferentes frentes que tenemos: Escuelas de Teología Pastoral, acompañamiento a los cantones de Granilla, San José Villa Nueva y los sectores marginales de la Colonia Escalón; formación bíblica en Usulután, pastoral vocacional, Medios de Comunicación y proyectos de desarrollo en Armenia. Este año somos siete estudiantes de teología, junto al formador, los que estamos viviendo esta nueva experiencia.

Este primer número de este año quiere ser una presentación de quiénes somos y de nuestro trabajo. Queremos continuar con este espacio abierto a la comunicación con ustedes. Ya saben que este espacio es abierto también a su participación; es un canal para que la gente que comparte nuestro carisma, la gente con la que trabajamos y nuestros amigos y amigas, puedan también compartir sus vivencias, su caminar. Queremos contarles nuestras aportaciones a la construcción del Reino, pero queremos escuchar las de ustedes.
Bienvenidos, nuevamente, bienvenidas.
P. Mauricio Borge




LA NUEVA COMUNIDAD


Alvin Bellorín, nicaragüense
Olingston José Cerda, nicaragüense
Carlos Salvador Menjívar, salvadoreño
Oscar Arnulfo Barrera M., salvadoreño
Luís Díaz, hondureño
David Hernández, hondureño
Carlos Jesús Cháves, costarricense
Mauricio Borges, costarricense











Experiencia de Año de Misión en Panamá
Después realizar el Noviciado en Guatemala, que culminé con mi primera profesión y de hacer mi primer año de teología en El Salvador, fui destinado a realizar un año de experiencia de misión a Panamá. Estuve casi todo el año 2008 trabajando pastoralmente en la comarca Kuna Yala. Compartí la vida tanto con los indígenas de las diferentes islas que visité como con mis hermanos claretianos que viven y se entregan a la misión en ese territorio indígena.

La misión y su praxis en estas islas, difieren mucho de lo que normalmente se entiende y se hace en otros lugares de misión. Aunque en su origen la evangelización entre los indígenas kunas se hizo con talante preconcilio Vaticano II, poco a poco el trabajo misionero y la intención de la presencia de la misión católica en islas indígenas del atlántico panameño se ha transformado y realizado desde otra perspectiva. El objetivo primordial es acompañar al pueblo en su proceso político, social, religioso, económico, especialmente en su proceso de consolidación de su cultura.

En este sentido, haciendo eco de algunas líneas generales del Vaticano II, los misioneros seculares del clero nativo, religiosos, religiosas trabajan de lleno en la misión. La perspectiva nueva del trabajo misionero se acerca al pueblo kuna y vive respetando su religión, su experiencia de Dios, su tradición oral, sus ritos, sus fiestas, etc. De ahí la disponibilidad de la Iglesia a tener actitud permanente de respeto, de humildad, de apertura a la novedad que ofrece esta religión, que por ser una experiencia humano-espiritual profunda es una espiritualidad rica en valores, en formación y en alternativa de vida. Mantener esta actitud misionero-eclesial requiere un estilo de vida sencilla y disponible de los misioneros y misioneras insertos en la cultura kuna y en su experiencia con Baba y Nana, que son los rasgos de Dios con los que se sienten identificados estos hermanos y hermanas nuestros.

Desde esta nueva manera de hacer misión se busca desarrollar una metodología sistemática un tanto similar a una catequesis. El contenido es la religión kuna, los fundamentos que se van desmenuzado en niveles, de tal manera que desde su infancia hasta su juventud la persona kuna identificado con la misión de la Iglesia pueda enriquecerse de su propio pozo. De este pozo también beben los adultos que se forman en encuentros comarcales y en las islas de donde proceden. Esta manera de trabajar de la Iglesia responde a una crisis de valores culturales y de identidad de la generación joven de la mayoría las islas de Kuna Yala. La metodología nace de la experiencia de vida y se alimenta de la fuente oral-escrita del pueblo, y la celebra en comunidad. Así, el equipo misionero apoya a la población indígena en la recuperación y actualización de la riqueza cultural-espiritual propia para que les mantenga vivos como pueblo amenazado. Amenazas de la cultura occidental que se impone con valores muchas veces artificiales, muy atrayentes para la juventud kuna.

Pues a apoyar esta propuesta de la Iglesia, de la comunidad claretiana que trabaja inserta vital y misioneramente, fui y estuve el año pasado. Fue una experiencia muy rica para mi formación como misionero servidor de la Palabra; Palabra presente también no como semilla del Verbo sino fruto de la también revelación de Dios a este pueblo indígena de nuestra Abya Yala, Nuestra América India. Conocer una nueva experiencia de Dios, en una cultura, en un pueblo tan rico en valores y en lucha por defender su identidad y su originalidad, me ayudó a cultivar la actitud de diálogo intercultural e interreligioso. Una mentalidad más abierta para acoger la presencia de un Dios de vida y liberador en un pueblo que busca siempre unir vida y espiritualidad en la cotidianidad, acogidos por la madre Tierra que les alimenta y les da vida y lo necesario para construir un mundo más digno y disponible para todos y todas.

Después de esta experiencia misionera, me he incorporado a una comunidad nueva de estudiantes para continuar la teología en la UCA de El Salvador. Es la última etapa en la que nos formamos y nos configuramos como misioneros, dispuestos a ser enviados luego a lugares con más urgencias misioneras. Aquí estamos, pues, y estaremos durante tres años consecutivos respondiendo con fidelidad y generosidad a la vocación misionera claretiana.

Oscar Barrera






Mi experiencia de Semana Santa
en comunidad La Ladrillera, Segundo Montes, Morazán





“OH Jesús no tardes más, ven mi amor y mi consuelo... y mi sed se apagará”

Este canto don Chago lo entonaba el jueves santo, muy emocionado, con lágrimas en los ojos, postrado en una silla de ruedas desde hace muchos años; y está confinado a esa silla no por una enfermedad. Estando en el refugio de Colomoncagua, una noche llegaron los militares y se ensañaron con él, querían matarle, pero sobrevivió y con él sobrevive también el dolor y la desesperación, como también la alegría y una fe que a duras penas le ayuda a comprender lo sucedido. Don Chago es uno más en la aldea La Ladrillera perteneciente a la Segundo Montes, en Morazán, de los que vivieron en el exilio en Honduras. Don Chago lleva el rostro desfigurado, sus manos y sus pies deformados como testimonio cruel de lo que puede hacer una mano militar.

Esta frase de este canto que a don Chago le gusta tanto, le hacía revivir aquellos momentos de infancia junto a su familia; las veces que salía a rezar a algún hogar, los momentos amargos y los golpes que recibió; también esa extraña confianza que unas veces le hace sonreír como mostrando esa vivencia misteriosa de cercanía con Dios muy presente en sus ojos y otras veces lejano.

La experiencia vivida en La Ladrillera fue un momento sacramental, momento crítico y a la vez cuestionante. Encontraba una realidad salvadoreña nueva para mí. Era impactante escuchar las historias de persecución, de exilio y de muerte, relatos semejantes a los de la pasión en los evangelios. Más que enseñar y predicar, fue ponerme en actitud de silencio y escucha respetuosa de las experiencias dolorosas de seres queridos desaparecidos y de la memoria de los que cayeron en combate buscando un futuro mejor.

Entre los momentos memorables están los pasados junto a la hamaca de doña Emilia, mujer de casi cien años, quien ve pasar su vida sin pedir otra cosa más que descansar en la tierra, junto a sus seres queridos. Habla de la muerte con una naturalidad que impresiona...pero disfruta de la vida; sabe lo que es un abrazo y el beso tierno de los nietos.

Fue la semana para desterrar de nuestras vidas todas aquellas cruces que matan. Sin embargo, fue la semana para aceptar aquellas cruces que se nos vienen por comprometernos por una vida mejor.

Vi también a María, la mujer valiente en el rostro de Dinora; éste es el nombre de combate; en el exilio aprendió a ser compañera y hermana, y con su sencillez está ahí junto a la cruz de cada día, en medio de las dificultades de una comunidad que se ve amenazada por el sistema, pero está ahí… esperando paciente el tiempo de la resurrección.

Alvin Bellorín






Una palabra sin compromiso

“Queridos hermanos, que no vaya a ser falso el servicio de ustedes desde la Palabra de Dios. Que es muy fácil ser servidores de la Palabra sin molestar al mundo. Una palabra muy espiritualista, una palabra sin compromiso con la historia, una palabra que puede sonar en cualquier parte del mundo porque no es de ninguna parte del mundo; una palabra así no crea problemas, no origina conflictos. Lo que origina los conflictos, las persecuciones, lo que marca a la Iglesia auténtica es cuando la palabra quemante, como la de los profetas, anuncia al pueblo y denuncia: las maravillas de Dios para que las crean y las adoren, y los pecados de los hombres, que se oponen al Reino de Dios, para que lo arranquen de sus corazones, de sus sociedades, de sus leyes, de sus organismos que oprimen, que aprisionan, que atropellan los derechos de Dios y de la humanidad”
Monseñor Romero

14 octubre, 2007

BOLETÍN 11

Carlos Jesús Chávez Morales, cmf

Edgardo Alfredo Guzmán Midence, cmf

Marco Antonio Rangel Guerrero, cmf

José Abel Carbajal Calles, cmf
Freddy Gerardo Ramírez Bolaños, cmf

David Hernández, cmf

Mauricio Borge, cmf

Luís Alonso Díaz García, cmf

SER CLARETIANO HOY


Queridos hermanas y hermanos, los Misioneros Claretianos estamos de fiesta. Estamos próximos a celebrar el día de nuestro Fundador, San Antonio María Claret, el 24 de Octubre. Compartimos con ustedes la alegría y el reto de ser cristianos comprometidos en la causa del Reino de Dios, como lo hicieron Claret y tantos hombres y mujeres de Dios en la historia del cristianismo. Este Boletín ha recogido los pensamientos de los hermanos de comunidad del Teologado Claretiano en Armenia, frutos de un retiro que tuvimos el pasado viernes 5 de Octubre; el tema gira en torno a qué significa ser claretianos desde la experiencia personal. Muchas gracias, como siempre, por su apoyo incondicional a este medio de comunicación.

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Carlos Jesús Chávez Morales, cmf

Centroamérica parece ser un solo país. Tenemos una misma lengua, algunas comidas y costumbres. En el fondo somos países distintos con profundas divisiones políticas y sociales; algunos países han sido marcados por la guerra, la muerte y la violencia. Existe un hilo conductor: el desempleo, la miseria, el hambre, en fin, la pobreza. Sin embargo, en esta visión que parece tan negativa encontramos esperanza. Este es el reto que encuentro como Misionero Claretiano en Centroamérica: ser portador de buenas noticias si quiero ser coherente con el Evangelio de Jesús. Eso mismo haría Claret y más.

Edgardo Alfredo Guzmán Midence, cmf

Ser claretiano es vivir todas las dimensiones de mi persona con el Espíritu que animaba a Jesús misionero itinerante del Reino, con el que Claret se sintió identificado. Y hacer de la oración y del estudio, de la escucha y el servicio, de Palabra y de la misión, de la oblatividad y la entrega, de la profecía y el compromiso, los dinamismos que me ayuden a potenciar una vida misionera con calidad, autenticidad y coherencia. Para que a nuestro servicio misionero de la Palabra tenga siempre la opción por la vida, la justicia, la cercanía, la ternura, la creatividad, el entusiasmo y la alegría.

Marco Antonio Rangel Guerrero, cmf.

Para mí ser Misionero Claretiano hoy en Centroamérica es ponerse del lado de las víctimas y en su mundo, no sólo para desearle éxitos sino para acompañarlos, corriendo su misma suerte por la salvación-liberación-victoria o la muerte, pero muerte con dignidad propia de seres humanos.

Abel Carbajal, cmf.

Ser auténticamente claretiano hoy me evoca pensar en la figura de nuestro fundador y ver, sobre todo, algunos episodios concretos de su vida en su afán porque la gloria de Dios llegara a todos. Quiero fijarme en su proyecto apostólico: él soñó con una nueva evangelización en su tiempo; para eso tenía claro que se debía partir de un análisis de la realidad y del diálogo con la cultura. Luego empezar este plan con acciones de choque, preparación de agentes de pastoral laicos y dar continuidad a los procesos. Ser claretiano hoy, según creo, es partir del primado de la realidad, conocer a fondo los desafíos de este nueva sociedad, soñar y concretizar los planes operativos que puedan responder a ella desde el carisma para el que fuimos fundados en la Iglesia. Es ante todo dejarnos tocar por la realidad en el contacto directo con los “malditos” de la sociedad y tratar de ser buena noticia para nuestros “próximos”.

Freddy Gerardo Ramírez Bolaños, cmf

Ser Claretiano en Centroamérica es vivir la vocación misionera en medio de los pobres, compartiendo sus luchas, estando atentos a los signos de vida y de muerte que experimentamos para encontrar juntos la voluntad de Dios en nuestra historia. Es ser hombres de la Palabra Viva, servidores de la Palabra profética del Reino, ofreciéndola a todas las personas por todos los medios posibles. Es ser esperanza para los que sufren, denuncia contra la injusticia, alternativa ante los caminos cerrados, corazón y ternura ante este mundo egoísta y frío, profecía en la vida de cada día. Es hacer posible el sueño de Jesús y de Claret en nuestra propia realidad humana.

David Hernández Lorenzo, cmf.

Como discípulo de Jesús, Claret nos ha dejado una rica herencia espiritual para saberse dar a la gente. Una forma concreta para responder a las situaciones de su tiempo fue el servicio de la Palabra, de todas las formas posibles. Yo, después de varios años de formación misionera, creo que ser claretiano es ser una persona entregada a través de pequeños gestos e iniciativas que puedan generar vida en el basto territorio que como Provincia misionera tenemos. Soy consciente de que hay ahora muchas formas de anunciar y testimoniar la Palabra de Dios. Nuestra realidad nos invita a ir buscando otras formas que puedan impregnar de ese gran deseo de Jesús: “Que todos tengan Vida” (Jn 10,10). Para que ese deseo se pueda concretar en las comunidades donde estamos, hay que saber estar y así poder dar una mejor respuesta a los signos los tiempos que se nos presentan.

Mauricio Borge Porras, cmf.

Es un don y una tarea continua de ser Testigo del Reino y manifestarlo con actitudes concretas de alegría y cercanía Recuerdo que un día, estando en la formación inicial, le dije a un Padre que mi gran anhelo como misionero era “hacerme pueblo” con la gente donde fuera enviado. Él me dijo que eso era muy difícil. En ese momento no comprendí porqué eso era difícil. Hoy creo que desde la realidad que vivimos en Centroamérica ese es el gran aporte misionero que puedo dar. Sigo manteniendo ese anhelo de “hacerme pueblo”, de llegar a sentir con la gente, de sentirme parte de ellos, no un extranjero. De ir aprendiendo mutuamente: ellos de mí, yo de ellos, ser uno más, dejarme evangelizar. “Hacerme pueblo” es humanizarme para poder humanizar, es confiar, es creer. Desde mi fe y mi compromiso como misionero, “hacerme pueblo” implica también un compromiso por anunciar esperanza, por defender lo que se quiere. En ese sentido, Claret para mí es ejemplo de pasión, de fuego, de amor a Dios y a su pueblo.


Luís Alonso Díaz García, cmf.

Para mi ser Misionero Claretiano hoy significa ser un compañero de camino, un mensajero de esperanza interpelado por la realidad de nuestros pueblos. Llamado a la propia conversión, a provocar un cambio, a no acomodarme, a ser un signo y a ser generoso.


NACIDO PARA EVANGELIZAR


Por Edgardo Alfredo Guzmán Midence, cmf

El próximo 21 de Octubre iniciamos oficialmente la celebración del Bicentenario del nacimiento del Padre Claret. Con mucha alegría nos unimos a esta fiesta, la cual queremos compartir con todos ustedes amigos/as hermanos/as.

El Padre General, con motivo de esta celebración, ha escrito una carta circular que ha titulado “Del recuerdo al compromiso”. Este el sentido que se le quiere dar a esta celebración congregacional: queremos volver a la figura de Claret para redescubrir en él aquellos núcleos centrales que le dieron un sentido pleno a su vida y comprometernos en la actualización de su carisma.

Recordamos, es decir, volvemos a poner en el corazón, para que se encienda de nuevo en nosotros la llama del Espíritu que animaba a nuestro fundador. Somos continuadores de una herencia joven y rica, misionera e itinerante, martirial y profética que comenzó en Claret y que se perpetua en todos los que tenemos el don y la tarea de ser claretianos.

No nos podemos quedar en el mero recuerdo, en el pasado. Recordamos viendo nuestro presente y proyectándonos para el futuro. Volvemos a Claret, a su entorno, a su contexto, a su nacimiento, a su historia, para descubrir la novedad de sus gestos y actitudes. Volvemos a su historia porque es una historia de salvación, y queremos ver qué fue lo que lo movió, qué fue lo que lo apasionó, qué es lo que le dio sentido y razón de ser a su vida misionera. Sin duda que en él encontraremos una profunda experiencia de Dios, un paso de Dios. Dicha experiencia nos ha transmitido en la autobiografía, de la que destaco la alegoría de la Fragua. En ella que se resume y se articula nuestra espiritualidad.

Heredamos una espiritualidad esencialmente misionera cuyos núcleos innegociables son: la Palabra de Dios, la Eucaristía, el Corazón de María, el Espíritu, el seguimiento del Jesús itinerante, la misión profética. Esto que fue tan central en Claret lo tiene que seguir siendo en nosotros si queremos ser fieles a la herencia que hemos recibido. En eso consiste nuestro compromiso.

Tenemos el reto de ir actualizando el carisma en las realidades concretas que nos tocan vivir hoy con fidelidad creativa. En medio de la realidad que vive nuestra gente. Una realidad marcada por la injustita, la pobreza, la muerte, la exclusión. Es esta realidad la que nos plantea serios retos y desafíos. Y donde nuestra presencia se convierte en signo profético, de vida, de esperanza, de inclusión, de humanización.

En este marco conmemorativo tenemos la oportunidad de ser testigos de la Profesión Perpetua de Freddy Ramírez, hermano muy querido en nuestra comunidad; lo acompañamos en este paso decisivo en su vida, la que quiere entregar por completo al servicio del evangelio.

Al igual que Claret, nos toca dejarnos moldear en la Fragua del Corazón de María, para que en el yunque de nuestra propia realidad y la de nuestros pueblos, nos dejemos formar por la Palabra del Dios de la vida, para ser lanzados con la fuerza del Espíritu a vivir y testimoniar con alegría la Buena Nueva del Reino, al estilo de Claret nacido para evangelizar.


LA PALABRA DE ROMERO


“Hoy he vuelto a mis orígenes… Al cenar con ustedes, he recordado el seminario menor que hice con los queridos padres claretianos. Y en este lugar hice mi primera misa en 1945. Gracias y bendición” (Diario de Romero, 3 de mayo de 1979, autógrafo que dejó en el libro de visitas cuando fue a la Casa Generalicia de los Misioneros Claretianos, en Roma).


MISIONERO CLARET


Misionero, Claret, ¿Eres tú, que nos llamas? Vuelve
siempre a enseñarnos a gritar, a gritar, a gritar,
a gritar la Palabra, a gritar la Palabra.


Nos hiciste un día tus amigos,
y seguimos tu voz de Pastor bueno.
Otra vez nos convidas a seguirte
de la cuna a la muerte misionero.
Anunciamos al aire de tu vuelo,
caminamos a zaga de tu huella;
de tu mano sembramos la Palabra,
al tenerte por luz, Padre y Profeta.


Y tu Espíritu va por todo el mundo:
ha ungido el Espíritu tus labios;
tu familia de sangre misionera
la palabra dirá siempre a tu lado.
Nos encanta la herencia claretiana,
es honra jubilar, tiempo de vida;
Claret, no callarán tantos profetas,
seguidores de ti y de María.

¿Y por qué tú abrasas cuando pasas?
¿Y por qué te haces pobre y andariego?
Es la gloria de Dios la que te quema
y partir a los pobres tu evangelio.
A tus hijos, Claret, danos tu fuego.
Que nos queme tu sueño de tal suerte,
que anunciar y contar sólo queramos
y servir la Palabra hasta la muerte.