31 mayo, 2020

LLAMADOS A EVANGELIZAR CON NOVEDAD Y ESPÍRITU

Fabio A. Rivas G., cmf., nicaragüense de 26 años de edad
Es profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
II año de Teología.
PENTECOSTÉS: 
Juan 19, 20-23 y Hch 2, 1-11

E. Fabio A. Rivas G., cmf.

En el día de pentecostés los discípulos del Señor sintieron su presencia, todo por manifestación de su Espíritu. Es lo que hoy leemos en los textos de la liturgia de la Palabra de este domingo; una verdadera experiencia entorno a la órbita novedad de la Ruah -en hebreo, es el soplo que posibilita la existencia, la base de todo lo que vive, es un término femenino, "la Espíritu"-, el Espíritu del Señor que sopla sobre sus discípulos para capacitarlos y animarlos a ser sus testigos.
En este contexto desolador y sin rumbo en el que vivimos hoy, el pentecostés debemos vivirlo de una manera más presentista, pues, muchos no sabemos qué hacer y cómo interpretar los signos que últimamente se nos presentan. En los hechos de los apóstoles se nos narra cómo estaban todos reunidos -los discípulos temerosos de Jesús y su Madre, María- en el cenáculo; es en esa realidad de estar sin cause, sin rumbo, solo orar como comunidad amparándose en una mujer, María, que claro está fue la única que, desde su llenura del Espíritu en la Encarnación del Hijo, nunca se fue de ella. Es ella la que representa la plenitud de los dones del Espíritu, en ella Dios hizo y sigue haciendo grandes proezas; no está en el texto de los Hechos como relleno histórico. Es en ella que podemos ver la presencia de Dios como la fiel y magnánime discípula, que, a decir verdad, no alardeó siempre estuvo con Él y en su Inmaculado Corazón todo lo guardó.
En ese pentecostés todos hablaban diferentes leguas, y como fuego el Espíritu del Señor se manifestó en los doce y en María. A partir de ese momento histórico la Iglesia se re-funda, con ánimo, fuego, esperanza y capacitación de los enviados; así fue y, hoy quiere serlo en nuestras familias en estos tiempos desoladores y desconcertantes. Al terminar la pandemia, tenemos que volver con un nuevo impulso misionero a ir donde el Señor nos envíe, aunque desde ya vos y yo estamos llamados, por el bautismo, a evangelizar por todos los medios posibles que hagan efectivo el Reino de Dios como espora que renace donde todo parece confusión y desierto.
Por último, recordemos los dones y los frutos que solo da el Espíritu Santo; no somos garantes de la misión del Maestro por nuestros méritos, es Él quien nos capacita para ser enviados. Hermanos y hermanas, que hoy Jesús sople sobre nosotros nuevamente y nos regale su paz y su Espíritu para que seamos capaces de hacer la voluntad del Padre en este momento de la historia, un nuevo Kairós nos espera, es el tiempo de Dios que nos hace renovarnos para dejarnos amar por Él, dejarnos abrasar por su amor y fuego y, sobre todo, dejarnos capacitar en su misterios esperanzador teniendo sus sentimientos, sus intenciones, sus miradas y sus dones; todo para la mayor gloria de Dios y el bien de las almas. ¡Envíanos tu espíritu Señor y haremos nueva tu misión!

23 mayo, 2020

Ascensión del Señor: subir, para ser enviados



 E. Jorge Morales, cmf

Jorge Morales, cmf; nicaragüense de 22 años de edad.
Neoprofeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
I año de Teología
El evangelio de hoy (Mt 28,16-20) nos invita a ser misioneros. El subir al monte es llenarse de Dios, de su Espíritu y, nos capacita para ser enviados. Es por eso que, como seguidores de Jesús, no podemos quedarnos solo con la contemplación, ya que se minimiza su valor cuando no va acompañada de un testimonio de vida. Jesús supo conjugar la contemplación y su acción luego lo enseñó a sus discípulos.

El Evangelio refleja una dimensión muy importante para nosotros misioneros claretianos, el ser “Oyentes y Servidores de la Palabra”. Los discípulos han sabido escuchar la voz de Jesús que les llama, “aunque algunos titubeaban”. Esta experiencia de llamada y envió no la debemos reducir solo a los presbíteros, religiosos o religiosas, es el bautismo el que nos da la gracia de ser misioneros evangelizadores; muchas veces, caemos en la comodidad y no queremos salir de nuestras zonas de confort, ya que estamos acomodados y no queremos que nada ni nadie nos desestabilice. Sin embargo, la llamada de Jesús nos viene a hamaquear -como cuando nos ponemos de pie en un cayuco en alta mar-, nos estremece con sus palabras.

Como Oyentes y Servidores de la Palabra, debemos dejarnos tocar por Jesús, que se acerque a nosotros; que Él sea nuestro centro y, aunque caminemos a tientas, dejemos que Él sea nuestra guía. En varias ocasiones, nos ha tocado escuchar a la gente en sus dolores y en sus crisis, estamos llamados a valorar este tiempo. El Papa Francisco dice que: “sepamos perder el tiempo con ellos”, especialmente con los jóvenes, que hoy en día buscan que alguien les oriente en su caminar diario.

¡Somos Misioneros!, esta es nuestra identidad y la hemos recibido como mandato del mismo Jesús. Enseñar es nuestra tarea, no es cualquier enseñanza, es mostrar a ese Jesús que ha resucitado y vive entre nosotros; ese Jesús que quiere que su proyecto del Reino llegue a todos sin exclusión alguna. Es por eso, que nos pide hacer más discípulos por medio del bautismo; debemos recordar que como bautizados, todos somos misioneros, todos participamos de la misión encomendada por Jesús a sus seguidores.

El evangelio termina con esta frase: “sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. Dios en Jesús ha cumplido su promesa, ahora Jesús la sigue cumpliendo por medio del Espíritu. No lo olvidemos, somos misioneros y misioneras, es nuestra identidad de bautizados en el Espíritu. Aprendamos a ser Oyentes y Servidores de la Palabra, en este momento en que nos toca vivir. “Escuchemos a Dios donde la vida clama, ahí el Señor nos llama”, no seamos sordos a su voz y aunque titubemos no nos desanimemos.

16 mayo, 2020

No estamos huérfanos, el Espíritu de Dios nos respalda


Reflexión dominical 17 de mayo: Jn 14, 15-21

Josué Lemus, cmf., hondureño de 31 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
IV año de Teología.
E. Josué Lemus, cmf

         Si me aman guardarán mis mandamientos.
Podríamos decir que el único mandamiento que Jesús nos deja antes de volver al Padre, lo leemos en Jn 13,34: “les doy un mandamiento nuevo, que se amen los unos a los otros”. Muchas otras enseñanzas nos dejó Jesús durante su vida, pero todas ellas están ligadas directamente al amor. Ama y has lo que quieras nos dice san Agustín. Cuando nos mueve el amor, todas nuestras acciones irán en función del bien común, sin perjudicar a nadie.
Ese amor nos permite entender que no estamos huérfanos, Dios nos da su Espíritu para que esté siempre con nosotros. Efectivamente, Dios no se muda, Él nos habita, en Él existimos y nos movemos. Es difícil entender esto cuando reducimos la presencia de Dios a meros ritos litúrgicos, en un determinado lugar; esto nos lleva a sentir que Dios no está con nosotros cuando no realizamos, de manera física, dichos cultos, es lo que puede estar pasando en esta situación de cuarentena. Hermano, hermana, Dios está en su casa, con ustedes, actuando por medio de ustedes, Él no se da vacaciones, ni está en cuarentena, dese la oportunidad de redescubrirlo.
El mundo no me verá, pero ustedes sí, porque vivo en ustedes. En esta ocasión, el evangelista hace referencia al mundo, como aquello que se opone al proyecto del Reino de Dios. Cuando seguimos los criterios humanos, egoístas, interesados y opresores, entonces somos parte de este mundo; esas actitudes nos impiden ver y reconocer a Dios. En cambio, aquellos que se dejan iluminar por el Espíritu de Dios, son capaces de reconocer su presencia en el otro, en las acciones que van en favor de la vida digna y abundante.
El que me ame, el Padre lo amará y yo me manifestaré en él. Jesús hace referencia al poder trascendente del amor. No es un puro sentimiento -corazoncitos flechados-, como muchas veces lo queremos hacer ver. Este amor va más allá de nuestros límites humanos, es el mismo Dios amando por medio de nosotros. El amor que se nos da no es egoísta, cuando me siento de verdad amado por el Padre, mi actitud será de amor a los demás.
Este amor desinteresado no se entiende en el mundo egoísta, acostumbrado a moverse por intereses. Un mundo dedicado a cuidar el orden establecido por la economía y el poder. Pero la invitación hoy, es a sentirnos acompañados y respaldados por el Espíritu de Dios, el mismo que hizo posible su encarnación en la humanidad, ese Espíritu está con cada uno de nosotros.


09 mayo, 2020

Jesús, camino que conduce a la vida


Evangelio según San Juan 14, 1-12

David Martínez, cmf., hondureño de 32 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
IV año de Teología

Las lecturas de este quinto domingo de pascua nos proponen tres pilares fundamentales para el seguimiento: camino, verdad y vida. Es la propuesta de la comunidad joanea en entorno a su experiencia con Jesús resucitado. En todo momento comunitario y, especialmente aquellos instantes que se tornan oscuros, llenos de dudas y de incomprensiones, nuestro centro debería ser Jesús. La presencia de Jesús vivo, abre caminos de esperanza y de fe; su estar entre nosotros es signo vida.  El Dios que revela Jesús es respuesta para los momentos más críticos de la existencia, estar en Él, es estar en el camino. Sabemos bien, que nuestros tiempos están marcados por el dolor, la angustia, el hambre, la muerte, la soledad, la pobreza, la indiferencia y la enfermedad; sin embargo, muchos pasan de largo. El encuentro con el resucitado trae nuevos tiempos, Él mismo nos lo dice: “no pierdan la paz”.
En esta misma sintonía, el camino de Jesús marca nuevas posibilidades. Sobresale la dignidad, la equidad, el bien del otro, con la promesa de, “muchas habitaciones” donde Él mismo nos prepara “el sitio”. Para ello, es necesario conocer al Jesús que seguimos, desconocerlo provoca ceguera, incapacidad, ignorancia, al momento de experimentarlo en la vida cotidiana. A los mismos discípulos les era difícil comprender, que, estar con Jesús es estar ya, en ese camino que conduce a la vida. Esto lo vemos reflejado en la pregunta de Tomás: ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le responde: “Yo soy el camino la verdad y la vida”. Pero, su misma ceguera les imposibilita reconocerle como único camino que lleva al Padre; ante ello, Felipe le dice: “muéstranos al Padre y eso nos basta”. La respuesta de Jesús es “que el que le ha visto a él, ha visto al Padre”. Hoy en día, ¿cuáles son las cegueras que me impiden reconocer al Hijo del Padre en mí caminar? Decimos seguir a Jesús, pero somos incapaces de reconocerle, en la caricia de una madre a su hijo por ejemplo. Esta es, a mi juicio, una de las imágenes de Dios reflejadas en este evangelio.
En este sentido, permítanme hacer una analogía, la cual considero tiene relación con el final de la enseñanza de Jesús: “el que crea en mí hará las obras que hago yo y las hará aún mayores porque yo me voy al padre”.  Los caminos de Dios están marcados por una riqueza de vida expresada en amor, cariño, ternura, sacrificio, dolor, hambre, desvelos etc. Pero estas, pueden pasar por alto en la vida ordinaria; porque seguimos con la necedad de ver al Señor solo en lo trascendente. Sin darnos cuenta, que esas obras mayores de las que habla Jesús son tejidas por manos encallecidas por el trabajo, por una vida de desvelos, lágrimas, dolor, sufrimiento, rechazo e incomprensión. Todas las palabras antes dichas, se condensan en la imagen del Padre que revela Jesús en su Evangelio; se reafirman o revelan en la palabra ¡Madre!
¿Quién después de Jesús en simbolizar la humanidad de Dios en la vida ordinaria?, yo diría que la figura de una Madre. Y, aquel que no es capaz de verlo es un ciego. Ellas han hecho cosas mayores, las cuales han sido descritas en esta reflexión, por ello, son la perfecta analogía de las cosas enseñadas por Jesús, desde la ternura y manifestación de Dios a la humanidad. Desde este anuncio de vida, felicitamos a las Madres salvadoreñas, hondureñas y guatemaltecas hoy 10 de mayo; y con ellas, a todas las madres del mundo. Quienes, desde su entrega diaria, son testimonio vivo de las palabras de Jesús: camino, verdad y vida.

03 mayo, 2020

REFLEXIÓN DOMINICAL: EL BUEN PASTOR



“El Señor es mi pastor, nada me falta; 
Bismark Sánchez, cmf., nicaragüense de 26 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
IV año de Teología.
me conduce a fuentes tranquilas, ningún mal temeré”.[1]
En este Domingo cuarto del tiempo pascual, contemplamos la imagen del Buen Pastor. Jesús se aparece resucitado como el Pastor que dirige, protege, guarda y anima a su rebaño conforme al mandato de Dios que lo ha enviado para que cuide de su pueblo, y venga en rescate por lo que estaba por perderse.
La figura del pastor y su rebaño, ha tenido gran impacto en la cultura campesina, en ella se visualiza el trabajo del pastor, él cómo las cuida, las reúne para que no corra el peligro de que se las robe el ladrón. Es una imagen valiosa que vale la pena no perder de vista en el contexto bíblico. Además, la Biblia está llena del simbolismo de pastores, empezando desde el Antiguo Testamento, hasta llegar al Nuevo Testamento con Jesús como el Buen Pastor que por proteger el rebaño termina muerto en la cruz.
En el texto de Juan 10,1-10, Jesús se dirige a los fariseos, y les habla sobre sus cegueras: “Yo les aseguro: el que no entra por la puerta al corral de las ovejas, sino saltando por otra parte, es un ladrón y asaltante; pero el que entra por la puerta es el pastor del rebaño”. En verdad, Jesús se presenta con una identidad clara “yo soy”.
Este yo soy de Jesús, ante los fariseos, indica que Él es el único pastor que sabe cuidar de las ovejas, el pastor que no ha llegado no para matar, ni robar y destruir sino para dar vida en abundancia. Incluso, les echa en cara, que los pastores que han llegado antes que Él, es decir los jefes religiosos y políticos, han sido unos ladrones que no les interesa las necesidades del pueblo, al contrario, los engañan y abandonan. Por otra parte, las ovejas saben escuchar la voz del pastor; pues sus ovejas si le conocen su voz, por eso no huyen de Él, no se escandalizan, no viven con hambre ni sed porque las sabe pastorear.
La alegoría del Jesús pastor, es el auténtico, el único que puede conducir a su rebaño; por eso, se distingue de otros malos pastores que han venido solo para aprovecharse del rebaño, se han presentado como salvadores, pero, han venido solo a robar, y destruir. Jesús no solo es el pastor sino también la puerta por donde pueden acceder las ovejas. Como podemos ver, el pastor corre el peligro de ser perseguido, y rechazado por el mismo pueblo, y esto ha sido el pago que le dieron a Jesús, fue rechazado, calumniado, azotado hasta llegar a la muerte en cruz.
En nuestro tiempo, la llamada es a ser pastores que escuchan la voz de los demás, el clamor de la humanidad sufriente que atiende las necesidades, que no se es indiferente ante lo que acontece en el mundo. Ser pastores que velan por el bienestar social, político-económico y religioso, pastores que desde la familia son ejemplos del cuido y protección.


[1] Schökel, Luis A., La Biblia de Nuestro Pueblo. Ediciones mensajeras, Bilbao, España, 11ª edición, 2010, (Salmo 22).

26 abril, 2020

REFLEXIÓN DOMINICAL: 26 DE ABRIL DE 2020


 La compañía del resucitado en Emaús (Lc 24,13-35)

Norlan A. Ramires, cmf., nicaragüense de  35 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
IV año de Teología.
Por Norlan Antonio Ramíres, cmf

En este III domingo de pascua, Jesús nos sigue interpelando con su nuevo proyecto de vida. En este relato evangélico, Jesús pone en tela de juicio nuestra actitud como cristianos; tres actitudes fundamentales se nos presentan en este Evangelio: el llamado a la esperanza, el dejarnos impactar por su mensaje y la sensibilidad para reconocer a Cristo en los gestos concretos de nuestra vida.
En un primer momento, se nos presenta a dos de los discípulos de Jesús, comentando lo sucedido en Jerusalén. Van desconcertados, han perdido la ilusión, sobre todo la esperanza, dejando entrever, la sequedad de nuestra vida de fe, y la falta de confianza en la voluntad del Padre. Cuando no hay esa confianza en el padre y nos aferramos a nuestros criterios humanos, nuestra vida como creyentes, se torna confusa, un callejón sin salida. Cuando la vida del cristiano está carente de fe, su vida termina en decepción, en frustración y tristeza.
En medio de nuestras angustias, siempre está la compañía del Padre, que para experimentarla es necesario dejarnos acompañar. Mientras los discípulos van distraídos, con actitud de derrotados y humillados, Jesús se pone a caminar con ellos y les dice: “¿De qué van conversando por el camino?”; Jesús entiende de sufrimientos, de tristezas y humillación, por lo tanto, comprende el sentirse abandonado. Con la misma pregunta que Jesús dirigió a los dos discípulos, nos quiere decir hoy también: ¿por qué se distraen en cosas que les perturba la vida como cristianos, como creyentes? ¿Qué es lo que nos distrae y nos obstaculiza la novedad de Jesús que es el amor y la solidaridad?
Jesús, como un buen pedagogo, se pone a explicarle las escrituras. Es decir, comienza a rectificar el camino del discípulo. La Escritura se convierte para todo cristiano, en nuestro mapa, nuestra brújula que va guiando nuestros pasos. Con este gesto pone en evidencia que nuestra vida de fe debe ser una continua formación, un dejarnos guiar por el Espíritu. Ya lo dice el canto, la Biblia es palabra de vida. En esta tónica, nuestra vida debe estar fundamentada y alimentada en la Palabra; este es un alimento que poco lo reconocemos, porque nuestros apetitos son otras cosas, fácil mente nos dejamos llevar por el sabor perverso del mundo.
Otro de los gestos hermosos de Jesús que nos conmueve, es la actitud de sentarse a la mesa a compartir el pan con los discípulos. La vida nuestra, es una experiencia de compartir con los demás. Esta es la actitud que todo bautizado debe asumir, estar siempre al servicio del prójimo. La Eucaristía es una gracia, pero al mismo tiempo es un desafío. No se trata de vivir en ambigüedades, sino de una vida coherente, buscando siempre la comunión con el otro, la otra, sin esperar nada a cambio. Esta propuesta de Jesús, es una dura crítica para las políticas de este mundo, que nos incita al individualismo, egoísmo, haciéndonos cada vez más encorvados, sin poder ver las necesidades del prójimo. 
Pidamos pues hermanos y hermanas, que nuestra vida sea siempre una Eucarística, de modo que podamos darnos y repartirnos como pan a los demás.   

22 abril, 2020

¿ES LA NATURALEZA LA QUE ESTÁ ENFERMA?: DÍA DE LA MADRE TIERRA

“Y los bendijo Dios y les dijo: Sean fecundos, multiplíquense,   llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los animales que se mueven sobre la tierra”.[1]


 Bismark Sánchez, cmf., nicaragüense de 26 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
IV año de Teología.

Por Bismark Sánchez Córdoba, CMF



La naturaleza se enfrenta a graves problemas que el ser humano se los está provocando, a causa de una sed de poder que tiene por dominar a los demás seres vivos. Con esto deja en evidencia que el hombre, es capaz de oprimir, destruir, manipular a los otros seres humanos, se ha creado una indiferencia con las otras criaturas.  El hombre ha puesto a la naturaleza en riesgo de muerte, es por eso, que ella gime dolores de parto, como una mujer cuando está a punto de dar a luz una criatura, pero nadie sale al rescate para liberarla. Ante esta realidad, es preciso decir: ¡basta ya! de contaminación de ríos, lagos, despales, incendios forestales, etc.
Por ello, me atrevo a decir que, no es la naturaleza la que está enferma sino el ser humano, que con su sed de poder quiere acabar lo creado por Dios. El hombre por ser imagen de Dios, porque se le ha encargado ser administrador de la creación, se cree el que hace y deshace, sin embargo, él está llamado a ser administrador responsable, cuidar y proteger la creación. Esta tarea, pues, es muy compleja pero el hombre debe instaurar nuevas relaciones con el medio ambiente, crear una sociedad llena de igualdad, más justa y solidaria.
Plantear esta idea de ecología en las Universidades pareciera absurdo, porque es como si no tuvieran nada que reflexionar. Pareciera que el tema de la contaminación del medio ambiente, la explotación depredadora le correspondiera a las ONG's, y no a toda una sociedad que se ve vulnerable. Este desafío, pues, es muy complejo, pero tampoco es imposible, aunque nadie tiene las recetas médicas para hacerle frente, pero sí, es necesario trabajar todos en conjunto para el bienestar de todos, principalmente los más endebles.
Es urgente, impulsar nuevos proyectos de producción, de consumo para que se respete el medio ambiente, hacer frente a una teología ecológica.
Es verdad que, hoy tenemos una realidad que es latente y que pone en juicio la racionalidad y la avaricia del ser humano. Pero frente a la realidad de pandemia que vivimos los seres humanos, me planteo la siguiente pregunta: ¿es el momento oportuno, para que este virus llegara y llevara al ser humano a casa, a reflexionar sobre lo que ha cosechado hasta hoy con la creación que Dios ha donado gratuitamente? No hace mucho que la Amazonia estuvo viviendo fuertemente este tipo de pandemia, hoy le toca al hombre replantearse su modo de vida personal y su relación con la creación.
En conclusión, con la naturaleza estamos llamados a asumir la condición de creatura, evitando la deshumanización, de dominar al más débil. La creación se nos ha entregado a todos por igual.

[1] Schökel, Luis A., La Biblia de Nuestro Pueblo. Ediciones mensajeros, Bilbao, España, 11ª edición, 2010, (Gn 1, 28).


18 abril, 2020

II Domingo de Pascua y de la Misericordia


Juan 20, 19-31

Josué Lemus, cmf., hondureño de 31 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
IV año de Teología.
E. Josué Lemus, cmf.

Los discípulos encerrados por miedo a los judíos. Esto sucede con frecuencia, cuando no comprendemos lo que está pasando, nos asalta el miedo y la primera reacción es encerrarnos en nuestras estructuras, sin dar lugar a la novedad de Cristo. El miedo se debe a que tenemos puesta la mirada en nosotros mismos, en nuestras fuerzas humanas, creyendo que todo es voluntarismo. Cuando nos percatamos, que, la misión no depende plenamente de nosotros, entendemos lo que debemos hacer.
Jesús se coloca en medio de la comunidad y les da la paz. Hoy el resucitado se está en medio de las familias, de las comunidades religiosas. Él quiere que seamos constructores de paz, nos invita a dejar el miedo y la confusión. Nos anima a volver la mirada a Él, ya que en la medida que Jesús resucitado sea el centro de nuestras comunidades y familias, ahí habrá paz.
Envío de los discípulos con la fuerza del Espíritu Santo para practicar la misericordia. Como El Hijo fue enviado a revelar al Padre y ser la misericordia encarnada, así somos enviados los cristianos a contagiar la alegría de la resurrección. En la medida en que nos abrimos a la misericordia de Dios, nos capacitamos para ser misericordiosos con nuestros semejantes.
Hemos visto al Señor. Es la frase con la que los apóstoles comunican su experiencia del resucitado a Tomás, pero éste reclama señales para poder creer, porque se ha quedado solo en la razón sin bajar a su corazón. Es lo que muchas veces hacemos, cuando reclamamos a señales para creer que Dios está actuando en la historia, ignorando los verdaderos signos que se nos dan a diario.
Dichosos los que creen sin haber visto. Jesús con esta bienaventuranza nos pide dar el salto de una fe condicionada que se basa solamente en señales, a una fe madura y firme. Juan, retoma el objetivo central de su Evangelio, creer en Jesucristo, el Mesías, el Hijo de Dios. Por tanto, creyendo solo en Él, logramos que todos los pueblos tengan vida digna y en abundancia.
María de Nazaret hizo vida esta bienaventuranza con el “hágase en mí según tu Palabra”. Su prima Isabel le reconoce y le llama dichosa por haber creído, ella supo abrir el corazón a la Palabra de Dios. Ella nos acompaña en el camino hacia su Hijo.
¡Feliz Pascua de Resurrección!

12 abril, 2020

Reflexión Dominical: 12 de abril


¡Aleluya, aleluya! El Señor resucitó


Byron Uriel Calero, cmf., nicaragüense de 35 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María
I año de Teología.
E. Byron Uriel Calero,  cmf

Este grito de alegría, es la mejor noticia que los cristianos debemos pregonar y dejarnos contagiar por lo positivo, por la vida; al igual que María Magdalena, “primera testigo de la resurrección”; seamos también nosotros portadores de Buena Nueva y pregonemos con alegría que ¡Jesús ha resucitado!
Luego de haber vivido un tiempo fuerte de conversión y habernos visto dentro de nosotros mismos, ahora es momento de gozarnos en la presencia de Dios por haber resucitado a su Hijo, Él que ha vencido la muerte y ha triunfado victorioso para darnos vida en plenitud.
Los discípulos antes de encontrarse con Jesús resucitado, vivieron en la incertidumbre, en el desconcierto; pero, al ser testigos de su resurrección son capaces de pregonar y gritar al mundo que Cristo Jesús ha resucitado.  En este tiempo de desesperación por el COVID-19, es momento también de contagiarnos de Buenas Noticias y ver lo positivo que podemos sacar luego de tantos sufrimientos; ojalá podamos abrirnos a la experiencia de la resurrección y proclamar juntos desde nuestros hogares, con nuestras familias ¡Jesús ha resucitado! y ha resucitado para quedarse en nuestras vidas.
Al resucitado hay que buscarle donde hay vida, hay que buscarle en las familias y comunidades que, cada día, van construyendo lazos de solidaridad con los rostros del Jesús que sufre y que ponen al resucitado como centro de sus vidas. El que ha resucitado vive, y si vive no lo encontramos en una fe dormida, estancada; sino, en nuevas relaciones de hermandad, en la identificación con su proyecto de vida y salvación.
Dios es amigo de la vida; por tanto, no se identifica con quienes la destruyen, Dios se identifica con los crucificados de cada día, no con los verdugos; por eso, como cristianos creyentes en un Jesús resucitado debemos poner vida donde otros ponen solo muerte.
Creer en el resucitado es acercarnos con esperanza a tantas personas que padecen, sufren, que siguen siendo crucificados por la injusticia. Creer en el resucitado es confiar que nuestros esfuerzos por querer ver un mundo más humano, más fraterno, no serán esfuerzos vacíos, sino motivos de alegría para hacer vida el reino de Dios.
La resurrección, es creer en el Dios de la vida. Por eso, hay que dejarse contagiar por el virus de la resurrección, por el mensaje consolador de la Pascua y dejarnos impregnar por su luz que destruye las tinieblas. Jesús ha resucitado, y este resucitado camina junto a su pueblo que le ama y que invoca su presencia.

05 abril, 2020

EN TIEMPO DE CORONA VIRUS “COVID-19”: DOMINGO DE RAMOS

“Dios mío, Dios Mío,
¿por qué me has abandonado?”.[1]

 Bismark Sánchez, cmf., nicaragüense de 26 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
IV año de Teología.

E. Bismark Sánchez Córdoba, cmf

La liturgia de este Domingo, nos hace profundizar en la entrada procesional de Jesús hacia Jerusalén, montado en un burrito (Mt 21,1-11), que fue acompañada por un sinnúmero de gente sencilla, “algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que le seguían gritaban, incluso de sus propios discípulos: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” (Mt 21,8-9). Además, a esta celebración, se suma el relato de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo (Mt 26,14-27.66), en donde le acompañan Judas, el que lo iba a entregar, Pedro que lo niega tres veces, aunque él lo niega que no lo va a hacer, “aunque tenga que morir contigo, no te negaré” (Mt 26,35), Pilato que hace la función de procurador, los sumos sacerdotes que piden que lo crucifiquen.
Me gustaría detenerme en cada versículo que nos presentan estos dos relatos, porque están cargados de signos, símbolos proféticos, mística, miedo, sueño, sentido de oración profunda y constante, pero, esto requiere hacer una lectura más minuciosa de los textos. Luego, que estos textos nos comprometen con un verdadero seguimiento a Jesús, que no es algo teórico o abstracto. El compromiso es seguir sus pasos, con el fin de humanizar la vida, y contribuir a que poco a poco, se vaya haciendo realidad el proyecto del reino de Dios y su justicia entre nosotros.
Frente a una realidad, llena de pobreza, dolor, angustia, torturas, contagios de pandemia, el seguimiento a Jesús pone en camino a cada cristiano, lo introduce en el mundo de la justicia, a reclamar compasión donde hay indiferencia y sembrar la semilla de la esperanza ante los que sufren. ¡Menos pánico! En tiempos en que la vida la vemos oscura, somos llamados a ser hombres y mujeres de bien, a solidarizarnos con los sufrientes. Esto exige construir comunidades donde se viva con el proyecto de Jesús, con su espíritu y sus actitudes.
Seguir así a Jesús trae consigo, tarde o temprano, conflictos, problemas y sufrimiento. Pero la finalidad de nuestra misión, es transportar a los feligreses a la contemplación del misterio de la muerte, hacer que la vida florezca, haya esperanza. Conviene cultivar espacios de silencio como los que tuvo Jesús a solas.
Pensemos en el silencio de tantas personas que están en los hospitales cumpliendo cuarentena, que su silencio sea el grito de Jesús, que clama al Padre el maltrato que reciben cuando no tienen las mejores condiciones para ser asistidos, pensemos en las familias que están sin ningún centavo para comprarse alimento, medicina, pensemos en los migrantes que en este tiempo de pandemia, y porque no los dejan pasar en las fronteras, se ven obligados a retornar a sus casas, con las manos vacías, con el sueño apagado, pensemos en el grito de la Amazonía que por irresponsabilidad de la humanidad hoy está gimiendo dolores como de parto, así tantas otras realidades que nos interpelan. No dejemos de orar, y en la medida de lo posible seamos asistentes del dolor. No seres indiferentes como Pedro que queriendo pasarse de bueno, lo niega tres veces, los demás discípulos huyeron de la realidad que vivía Jesús, las amigas estaban solo de espectadoras ante el sufrimiento, los que pasaban cerca de la cruz lo insultaban.
Este camino hacia la cruz no es nada fácil, pero en medio del abandono y la oscuridad hay que caminar, hay que dar ese grito fuerte de libertad, justicia, y dignidad, tal como Jesús lo expresó desde la cruz. Con la resurrección de Jesús, el Padre anuncia al mundo la Nueva vida. Que al final de nuestra vida, expresemos de viva voz, la identidad de Jesús, así como el pagano: “Realmente éste era Hijo de Dios” (Mt 27,54).
El relato de la Pasión nos muestra a Jesús que entra en la muerte rezando, expresando el abandono de quienes lo seguían. Seguir a Jesús es una tarea apasionante: es difícil imaginar una vida más digna y noble, pero es más difícil cuando hacemos de nuestra vida un acomodamiento sin importar las necesidades de los demás. Para seguir a Jesús, es importante desconectarse del teléfono, apegos viciosos, “hacer”, hacer un mundo más justo y más humano; hacer una Iglesia más apegada a Jesús y más coherente con el evangelio.
En la vida de Jesús, le marcó tanto, la falta de trabajo digno para todos, la falta de amor con quienes se relacionaba. Se acercó a los últimos y se hizo uno de ellos. También él viviría sin familia, sin techo y sin trabajo. Curó a los que encontró enfermos, abrazó a sus hijos, tocó a los que nadie tocaba, se sentó a la mesa con ellos y a todos les devolvió la dignidad. Para los poderosos de su tiempo, se convirtió en el hombre más peligroso, por eso, había que eliminarlo, ejecutarlo, y como no decirlo, llevarlo a la muerte en cruz. Un hombre así siempre es una amenaza en una sociedad que ignora a los últimos. Pero hace falta que surjan este tipo de profetas, sin olvidar a los que nos han precedido, como son: San Romero, Mons. Gerardi, P. Rutilio y compañeros, Catequistas, Delegados de la Palabra, entre otros.
Por último, quiero decir que, en el grito de ese hombre deshonrado, torturado y ejecutado, pero abierto a todos sin excluir a nadie, está la verdad última de la vida. En el amor impotente de ese crucificado está Dios mismo, identificado con todos los que sufren y gritando contra las injusticias, abusos y torturas de todos los tiempos. Para creer en este Dios, es necesario, tener compasión.

[1] Schökel, Luis A., La Biblia de Nuestro Pueblo. Ediciones mensajeros, Bilbao, España, 11ª edición, 2010, (Salmo 21).

29 marzo, 2020

REFLEXIÓN DEL V DOMINGO DE CUARESMA


Te sacaré de la muerte
y te infundiré mi espíritu de vida

Josué Lemus, cmf., hondureño de 31 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
IV año de Teología.
E. Josué Lemus, cmf

Este quinto domingo de cuaresma, las lecturas nos remiten al Dios fiel que cumple sus promesas y da vida con su Espíritu. La promesa pronunciada por el profeta Ezequiel, la vemos concretizada en el Evangelio de Juan y la confirma el apóstol Pablo en su carta a los Romanos.  
El evangelista Juan le llama signos a las acciones milagrosas de Jesús, el objetivo del signo es mostrar una realidad que está más allá de lo que aparece y que se revela en Jesús, el reino de Dios. En esta ocasión el signo es la resurrección de un muerto.
Mientras Jesús está en su misión, las hermanas de Lázaro le envían la noticia que su hermano está enfermo, Él da a conocer el objetivo de la enfermedad de su amigo, “este padecimiento no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios”. Los discípulos no entienden a qué se refiere Jesús,  sin embargo, con valentía siguen al maestro a Betania a casa de Martha, María y Lázaro. Al llegar al lugar, Juan nos muestra a un Jesús humano, sensible ante la realidad de dolor del otro, incluso llora por su amigo.
Las dos mujeres también tienen un protagonismo singular, Martha hace su confesión de fe diciendo al Maestro, “yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”, una fe necesaria para que la acción de Dios tenga éxito en nuestra vida. María por su parte corre a toda prisa y se echó a los pies del maestro a llorar, Jesús pregunta donde lo han puesto.
Llevan a Jesús ante el sepulcro, Él pide mover la piedra para dar paso a la vida. En nuestra sociedad,  también hay piedras que no permiten que Dios libere y revitalice a tantos oprimidos y empobrecidos por el sistema.  La Palabra de Jesús tiene el poder para darnos vida, levantarnos del miedo, de la desesperanza, de la falta de fe, solo quitando la piedra podemos experimentar el amor de Dios actuando. 
El compromiso de los cristianos es transmitir la vida que solo Dios da por medio de su Hijo Jesús. En la medida que el Espíritu de Dios nos habite, el mundo sentirá la presencia de Jesús en todas las realidades de muerte que causan mucho dolor.
Todo es presencia y gracia, María la fiel discípula camina con nosotros.

24 marzo, 2020

A LA LUZ DE MONSEÑOR ROMERO


Evangelio y vida
Norlan A. Ramires, cmf., nicaragüense de  35 años de edad.
profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
IV año de Teología.

E. Norlan Antonio López Ramírez, cmf.

En el contexto memorial del cuarenta aniversario del asesinato de Monseñor Romero y, dejándome sorprender por su testimonio profético, me motivó escribir estas líneas y compartirla con ustedes para recordarles que nuestra vida como cristianos, creyentes, y como Claretianos, es un continuo compromiso en la lucha por la justicia y hacer real la frase “otro mundo es posible”.
El tiempo pasa y la vida de monseñor Romero aún sigue grabada en la lápida del corazón y la memoria del pueblo salvadoreño. Su valentía, su coraje de pastor para desvelar el poder injusto de su tiempo, se convierte en oasis para la Iglesia de El Salvador y de América Latina.
En este contexto memorial y, ante las distintas situaciones que viven nuestros países Centroamericano, quizás sea un momento preciso, en el que usted y yo, nos preguntemos: ¿qué tipo de profeta estoy siendo en mi parroquia, universidad y casa formativa?
Recordemos hermanos, que hemos hecho una opción de vida. Esta opción de vida nos tiene que desafiar. Es un compromiso que se ha hecho no para acomodarnos y olvidar de esta manera nuestras raíces. En la medida que caemos en la sed insaciable de acaparar y alimentar nuestros intereses, le estamos dando la espalda a Cristo que aún sigue siendo martirizado en los pobres, lugar de donde -muchos de nosotros- hemos salido.
Monseñor Romero, en este sentido, se ha de convertir para cada uno de nosotros en esa fuente de inspiración. De cara a vivir con coherencia de vida, entre lo que predicamos y testimoniamos. No se trata de vivir de ambigüedades, se trata de evangelizar y trasformar el mundo con una vida auténtica de cristianos, apasionados en la lucha por la justicia, el amor, el servicio y la fraternidad auténtica de hermanos.
            ¡Nos toca a nosotros!: ser nuevos Romeros, Casaldáliga, Gerardi, Sergio Rojas, Berta Cáceres, Leónidas Proaño, Rutilio Grande, entre otros; que ha sabido ser inefables y verdaderos profetas dando la vida por su pueblo. A esto nos desafía este mundo excesivamente corrupto, todo por el afán del poder y por la “ambición del dinero, que es la raíz de todos los males” (cf. 1Tim. 6, 10).
             Que la pascua de Monseñor Romero, suscite en cada uno de nosotros la alegría, la entrega y, sobre todo, el coraje para apostar siempre por la justicia humana para la construcción del Reino de Dios. Iniciando desde los pequeños detalles.

21 marzo, 2020

LUMINISCENCIA DE LA PALABRA

 
Fabio A. Rivas G., cmf., nicaragüense de 26 años de edad.
Es profeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
II año de Teología.
Reflexión dominical 22 de marzo de 2020 
 
“En otro tiempo ustedes fueron tinieblas, pero ahora, unidos al Señor son Luz. Vivan , por lo tanto, como hijos de la luz ” (cf. Ef 5, 8).

E. Fabio A. Rivas G., cmf

       Nos encontramos en el IV domingo de cuaresma y, sin duda alguna, ¡un domingo diferente para todos! Sin Eucaristías presenciales, sin poder acercarnos al otro a dar la paz y sin hacer nuestros vía crucis procesionales.  Pero, Dios nos habla hoy más que nunca, por medio de la Palabra en este efímero tiempo de oscuridad, encierro y desesperanza. 
        El texto del Evangelio de este domingo, tomado de San Juan 9, 1-41; nos dará solo respuestas de esperanzas, de luz y vida, que, en muchos casos, reducidas a falsas actitudes meramente humanas: superficialidad, legalismo, fe puesta en personas y no en Dios, etc. Veamos lo que hoy el Señor nos quiere transmitir.  
    El texto nos narra el acontecimiento de la sanación en sábado de un ciego de nacimiento. Encontramos aquí toda una riqueza teológica. Me quedaré con algunas partes del texto: recordemos que San Juan, en todo su Evangelio, utiliza la palabra “signo”; el signo cobra su sentido cuando sabemos cuándo Dios actúa en el Hijo amado y da la salud al enfermo  -el ciego de nacimiento- y hace que vea ante toda ley política y religiosa. Los fariseos, se interponen al actuar de Jesús en sábado, pues la ley de Moisés lo prohíbe; para ellos el legalismo es supremacía y no la vida, como lo es para el Mesías.  
       Un primer signo lo encontramos cuando Jesús toma el barro y con su saliva se la unta en los ojos al ciego, una característica del ser humano es sentirse necesitado y frágil -polvo eres y al polvo volverás-; ceniza que nos impusieron el miércoles de ceniza para vivir esta cuaresma con actitud de pecadores vueltos a Cristo, necesitados suyos. El segundo signo, radica en el envío que hace Jesús al ciego, que se lave en la piscina del Siloé (enviado). Solo nos podemos sentir sanos si pedimos a Jesús que nos haga ver, sin pretensiones y sin legalismos como los fariseos, que nos lavemos en la fuente de vida de su Palabra, pues Él, es el enviado del Padre; es el único que nos devuelve la visión en los momentos de oscuridad, tinieblas, noche. La fe, como la del ciego, nos puede sacar de nuestras cegueras, Jesús nos ve por el camino, camino de esta cuaresma y semana santa que viviremos recogidos desde nuestros hogares; ojalá pidamos en este tiempo la verdadera luz de Cristo, el amor que ve al prójimo más allá de las apariencias y de los defectos o posibles virtudes. 
       Que este domingo, lo vivamos esperanzados en que la luminiscencia -luz baja que alumbra en medio de la oscuridad- perdure en nuestra vida, no para acaparar esa luz, sino, para compartirla solidariamente con los demás, de forma virtual, o con los que tenemos en casa -familia doméstica- y seamos luces nuevas, luces autenticas que no se apagan por la oscuridad de la realidad. ¡Miremos a nuestro derredor, sanemos nuestra vista al sentirnos enviados con la fe puesta en Jesús de Nazaret!

14 marzo, 2020

REFLEXIÓN DOMINICAL 15 DE MARZO DE 2020: JESÚS, EL ÚNICO MANANTIAL QUE NOS DA VIDA


Jorge Morales, cmf; nicaragüense de 22 años de edad.
Neoprofeso de la Congregación Misioneros
 Hijos del Inmaculado Corazón de María,
I año de Teología Latinoamericana

E. Jorge L. Morales M., cmf.

La primera lectura del éxodo 17, 3-7, nos muestra una de las necesidades básicas del ser humano, la sed; sed que el pueblo judío sintió recurrentemente en su peregrinaje hacia la tierra prometida. En nuestro contexto, me parece que la protesta de Israel que en aquel tiempo hizo contra Dios nos la debemos hacer nosotros, ¡porque se nos está acabando el agua!, muchos pueblos no la tienen y en vista de proteger los recursos naturales seguimos con el despale. En este contexto cabe cuestionarnos: ¿cuántas personas se reúnen entorno a un pozo en busca de agua?, ¿cuántos migrantes quieren saciar su sed por el camino emprendido? Ante situaciones de escasez, como este en particular, tendemos a pensar que Dios nos ha olvidado, “¿está o no el Señor en medio de nosotros?” Podemos ver la fragilidad y necesidad humana, la sed y la solidez de Dios en Moisés, que solo al golpear la peña brota el agua.
En la experiencia comunitaria pos pascual, la segunda lectura de la carta de san Pablo a los Romanos5, 1-2. 5-8; nos recuerda que tenemos que volver a confiar en Dios y, por medio de esta, obtendremos como fruto la paz que es signo de estar reconciliados con Él. El que se siente amado por Dios tiene una esperanza, tiene un futuro, tiene algo que esperar y la esperanza nuestra es participar de la gloria de Dios. El amor que Dios ha derramado en nuestros corazones no es que yo amo a Dios, sino, el sentirme amado por Él. ¿Quién de nosotros está dispuesto a dar la vida por los demás?
Por último, en el Evangelio de San Juan 4, 5-42; nos narra toda una catequesis. Ésta se da en torno a un pozo, lugar de encuentro, lugar en el que se puede saciar la necesidad de la sed. Jesús entra en conversación con una mujer que no tiene nombre, que puede caer en el acomodamiento y querer las cosas fáciles ante la propuesta de Jesús que se muestra como el agua viva.  Jesús se vale de la necesidad para entrar en nuestras vidas y cambiarlas. ¿Cuánta ansiedad tenemos hoy de consumir cosas que no nos hacen felices? Jesús se muestra como el agua viva que es capaz de saciar nuestra sed y nos hace ponernos en camino y anunciar al Mesías que da vida. ¿De qué fuente estamos bebiendo nosotros?

10 marzo, 2020

RENOVACIÓN DE NUESTRA PÁGINA

Para nuestro fundador, San Antonio María Claret, era tan importante la evangelización por los medios que fueran posibles. Por tal razón, como hijos de su espíritu misionero, queremos comunicar todo lo que tenga que ver con nuestra vida y misión, por eso, iniciaremos un proceso de renovación en nuestra página de Blog, para armonizar la tecnología de gama alta en nuestra página haremos algunos cambios. Nos confiamos a las manos de María Inmaculada y a sus oraciones. ¨Bendiciones!