13 noviembre, 2009

Familia Claretiana

“SIEMPRE ESTABA CONTENTO, ALEGRE Y TENÍA PAZ CON TODOS”
(Autobiografía, 50)


Por Abel Carbajal, cmf


En la comunidad claretiana de El Salvador también hemos estado contentos y alegres al celebrar la memoria de nuestro Padre Fundador, San Antonio María Claret. No lo hemos hecho solos, la gran familia claretiana nos ha acompañado en este momento tan especial en el que renovamos con intensidad nuestra espiritualidad claretiana. La celebración tuvo lugar en la “Escuela Corazón de María” en la Parroquia del mismo nombre, en la ciudad de San Salvador. Hasta dicho lugar se acercaron nuestros familiares, amigos y personas que comparten su trabajo misionero con nosotros para participar de un encuentro con un sabor muy familiar. Llegaron de todos los puntos del país. Los invitados bailaron, cantaron, rezaron... Todos disfrutamos del talento que nos ofreció el grupo de música folklórica de la Escuela y de la música del Trío de Casa Presidencial. El esfuerzo compartido entre laicos estudiantes teólogos y los hermanos sacerdotes, hizo que la actividad se desarrollara de la mejor manera posible.

Sin embargo para nosotros misioneros claretianos, recordar a nuestro Fundador es reafirmar nuestro compromiso misionero, en concreto en esta Iglesia local. Celebrar a Claret es renovar nuestro espíritu y salir de nosotros mismos para ir al encuentro de quienes necesitan de nuestro apoyo, de una palabra cargada de esperanza en una sociedad tan abrumada por la violencia. Nosotros como discípulos de Jesús no podemos estar ciegos y sordos ante las situaciones que afectan nuestro entorno. Sin ninguna duda, Claret daría su respuesta. En este sentido nosotros estamos también invitados a comprometernos desde lo poquito que vamos realizando en el día a día por la construcción de un mundo más gusto. Esto implica el sueño de Claret: “hacer con otros”, lo cual evoca la gran familia claretiana. Una sola misión, un sólo espíritu que nos empuja a ser agentes de cambio en las distintas realidades que nos corresponde vivir.

Toda fiesta condensa tres elementos a tener en cuenta: pasado, presente y futuro. En nuestra fiesta el tiempo se detuvo. Sin embargo, viajamos un poco al pasado para hacer un repaso por la vida de nuestro Fundador resaltando los momentos más relevantes de su historia, partiendo desde su niñez hasta su canonización en 1950. La gente escuchaba con un silencio sacramental, sus miradas expresaban admiración. Este es nuestro presente la admiración por el gran misionero, al gran confesor, el gran obispo y su tremendo celo apostólico. Nuestro futuro es seguir su ejemplo, dando testimonio de entrega generosa en nuestros ambientes de trabajo misionero. La fiesta ha terminado, el tiempo sigue y nuestra vocación misionera es el mayor signo de que el espíritu de San Antonio María Claret se expidiéndose por todo el mundo como él soñaba.

Agradecemos de todo corazón a quienes asistieron a nuestra fiesta. Nuestra gratitud muy especial vaya también ha todas las personas que colaboraron con el evento. Para todos y todas un abrazo de hermanos en el carisma claretiano.

23 octubre, 2009

BOLETÍN 24

CLARET CENTINELA

P0r: Edgardo Guzmán, cmf

“Hijo de hombre, yo te he puesto como centinela de la casa de Israel. Oirás de mi boca la palabra y les darás la alarma de mi parte” (Ez 3,17)

Al celebrar un año más la fiesta de San Antonio María Claret me he preguntado por el significado que tiene para nosotros hoy su persona, su espiritualidad, su carisma misionero. El Padre General en la carta de octubre de este año nos invita a reflexionar entorno a uno de los textos que son claves para conocer la experiencia que tuvo de Dios el P. Fundador. Este texto forma parte del relato de la vocación de Ezequiel: “Sentía la voz del Señor que me llamaba a predicar”. (cf. Aut 119 - 120).

Lo que se quiere resaltar es la figura de Ezequiel como el “profeta - centinela” que ha sido llamado por Dios, que ha comido su palabra, ha saboreado su dulzura y por eso ha intuido sus exigencias. El Padre General nos propone esta imagen del centinela para que nos ayude a descubrir las distintas dimensiones de nuestra vocación misionera y la urgencia de vivirlas generosamente. Es a lo que nos ha invitado el reciente capitulo general a asumir con alegría, audacia y creatividad nuestra identidad y compromiso misionero.

Si hoy le preguntáramos al centinela qué ve, qué escucha, que anuncia en Centroamérica. Nos diría que ve según el mas reciente informe del PNUD la región más violenta del planeta, con una tasa promedio de 33 homicidios por cada 100 mil habitantes, que triplica la media mundial… nos diría que ve en medio de tanta muerte e injusticia muchos signos de vida y esperanza, nos diría que ve muchos pueblos que son su pobreza nos dan un mayor sentido de humanización.

Escucharía el grito de dolor de cientos de guatemaltecos/as que han muerto de hambre a causa de las sequías de este año, escucharía la voz de miles de hondureños y nicaragüenses incapaces de construir la armonía tan desea y necesaria en la profunda crisis política que viven. Escucharía en estos signos de los tiempos la voz de Dios que sigue proponiendo su Reino el que nos revelo Jesús, como el camino de la verdadera plenitud humana.

Pero el centinela, como Ezequiel, como Monseñor Romero, no sólo ve y escucha; también anuncia, proclama, grita. Su palabra es profética porque denuncia, condena, llama a la conversión; su palabra consuela, abre nuevos horizontes, plantea otras alternativas para la vida; su palabra celebra que Dios camina con los pobres, que la esperanza genera entusiasmo y motiva y que el amor tiene la última palabra.

En su momento histórico y en su contexto sociocultural Claret fue un centinela, nos recuerda el P. Abella, nosotros estamos llamados a serlo hoy.



LA FRAGUA: ITINERARIO ESPIRITUAL CLARETIANO

Por: Abel Carbajal, cmf

En la actualidad nos movemos en un mundo de caducidades, prácticamente todo es moda y por tanto, todo pasará y vendrá algo nuevo. Todos estamos expuestos a caer en esta dinámica, donde existe la supremacía de lo superficial sobre lo profundo. En este sentido, estamos urgidos de una base que sostenga nuestra vida, nuestros proyectos y utopías. Específicamente el tema que nos interesa aquí sin darle más vueltas al asunto es el de la espiritualidad. Una espiritualidad que tenga una base sólida, por tanto, no puede ser cualquier cosa. Si nos asomamos al mundo de lo espiritual, no cabe duda que encontraremos un sin fin de experiencias que se les llama espiritualidad. Pues dentro de la Iglesia católica nuestra Congregación Misionera tiene su propio camino espiritual.

Pero, ¿Cuál es este camino? Pues, consiste básicamente en lo que el P. Claret llamó “La Fragua”. Esta alegoría fue la que utilizó cuando quiso explicarnos su itinerario espiritual. Nos centraremos aquí en descubrir los núcleos fundamentales que la fragua sigue como métodos para el camino y que partiendo de un punto cero son tres: Quid Prodest, Patris Mei, Caritas Christi y Spiritus Domini. Son cuatro bases netamente bíblicas, como debe ser por nuestro carisma fundamentado en la Palabra.

Comencemos pues, por el núcleo cero, el “Quid Prodest” (Mt 16, 26) “¿De qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?” Este aspecto del evangelio marcó el inicio de la vocación del P. Claret (Aut 68) Lo puso ante la encrucijada necesaria para decidir su futuro. Había triunfado en su campo de la fabricación, pero no se sentía del todo realizado; esto lo lanza a la búsqueda. Llamaremos a este encuentro de caminos: instalación-búsqueda, como ven son palabras antagónicas. Preguntémonos ahora por nuestra propia experiencia, ¿Cuál es nuestro Quid prodest? Ese que nos ha hecho optar por algo diferente a lo que hacíamos. Seguro que nos encontraremos, no con uno, sino con varios momentos en los que nos hemos planteado el problema: “de qué me vale…”

Como hemos dicho este de qué me vale, es el punto cero en la espiritualidad de la fragua. Creo que nos puede ayudar aquí la alegoría para entendernos mejor. En este sentido, el punto cero es la barra de hierro que el herrero toma como útil para realizar su obra, es el comienzo del proceso, la selección del buen hierro. Este es el inicio de una obra artesanal que deberá someterse a varias etapas necesarias para convertirse en una flecha lista para ser lanzada. En otros términos la barra, somos nosotros y el herrero es Dios que tiene un proyecto con cada uno. Fundamentalmente en esto consiste el núcleo cero, claro está que no lo podemos encasillar sólo en el ámbito vocacional, sino que es una dimensión esencialmente antropológica abarcando la totalidad del ser humano.

Pasemos ahora al núcleo primero de la fragua: el “Patris Mei” (Lc 2, 49) “¿No sabían que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?” Este es en el taller del herrero el momento de sumergir la barra de hierro al fuego, es el momento de dejarse ablandar, de dejarse purificar. En la herrería espiritual es el momento de la experiencia profunda del amor de Dios que nos dispone para ser forjados. En la experiencia de nuestro Fundador esto se traduce en la búsqueda de la voluntad del Padre, aspecto que imita de Jesús de Nazaret, recordemos que él quería “imitar en todo a Jesús”. Inseparable a este elemento añadía otro no menos importante y que figura en el número 2 de nuestras Constituciones cuando se habla de que el objeto de nuestra Congregación es “buscar en todo la gloria de Dios”.

Esta dimensión fundamental ha estado presente desde los orígenes de la Iglesia, recordemos al gran San Irineo cuando dijo que “la gloria de Dios es que el hombre viva y la vida del hombre es la visión de Dios”. Más actualmente el profeta Romero reformuló la frase diciendo que “la gloria de Dios es que el pobre viva”. Ante esto cabe preguntarnos, ¿Cómo estamos encarnando este aspecto en nuestra vida? ¿Estamos realmente en las cosas del Padre, en el constante fuego que nos hace dóciles?

Sin duda alguna estas cuestiones nos ponen ante una nueva encrucijada que consiste en pasar de lo superficial a lo profundo. Es obvio que vivimos en una sociedad muy superficial, de modo que el reto es ¿Cómo pasar de lo superficial a lo profundo? Ante esto se nos proponen las siguientes claves, una antropológica y la otra teologal. La antropológica es el silencio, tan necesario para cualquier persona humana y prácticamente utilizado en todas las religiones. La teologal es la oración unida a la Palabra de Dios que es como el aire que aviva el fuego de nuestra entrega. Como ven el camino aparentemente es corto: silencio-oración, pero qué difícil es dar como mínimo el primer paso en esta sociedad tan envuelta en ruidos; tanto externos como internos y hay que señalar que sin el primero no hay según, sin silencio no hay oración. Todo esto ha de hacerse en orden a buscar la voluntad del Padre. (Aut 755).

Es la hora de nuestro segundo momento al que llamamos: “Caristas Christi” (2Cor 5,14) “El amor de Cristo me apremia”. Este aspecto nos es muy conocido ya que figura en el lema episcopal del Arzobispo Claret y que el mismo explica en la Autobiografía (212) Técnicamente este sería el elemento de la “Configuración con Cristo”. En la alegoría de la fragua, es el momento del yunque y el martillo, el momento de dejarse forjar lentamente. Cabe destacar que este momento implica un desandar el camino, es decir, un retornar al fuego, porque el proceso es paso a paso y así como la barra de hierro se enfría, nosotros también perdemos el calor y necesitamos volver a la experiencia del amor misericordioso de Dios, a las cosas del Padre para poder seguir siendo moldeados.

Nuestras referencias al igual que en todos los núcleos, son siempre Jesús y Claret, así que debemos tener la mirada en ellos. La encrucijada que aquí nos surge es: egoísmo-oblatividad (amor) ¿Cómo hacer el viaje de un aspecto al otro? Pues lo más elemental es salir de nosotros mismos. Hacer aquello que no hemos programado y que nos piden y que además no siempre nos agrada, es como morir a nosotros mismos. El otro elemento del camino es aunque no lo crean la Eucaristía, no como celebración meramente ritual y de cumplimiento, sino como una fuerza dinamizadora existencial a lo que llamaríamos vivir eucarísticamente o más simplificado vivir al servicio de los demás. En este sentido hemos de revisar nuestras actitudes descubriendo cuáles son los signos que como cristianos nos hacen donarnos a los demás, saliendo de nosotros mismos.

Pasemos ahora al punto tercero y último, es la hora del vuelo, la flecha terminada ha de ser lanzada, no se ha hecho para adorno. Es el momento de la misión, de la acción del Espíritu “Spiritus Domini” (Lc 4, 16-19) “El Espíritu del Señor está sobre mí…” Si echamos un vistazo a nuestro Fundador encontraremos que se siente enviado para anunciar la Buena Noticia. Podemos decir que toda la Autobiografía está jalonada del envío misionero; sólo para citar algún ejemplo: (113, 156, 698) Claret en su afán por imitar a Jesús se siente urgido, enviado, impulsado al trabajo, a las mediaciones y a la apertura misionera.

Esto también nos coloca ante una encrucijada, el problema de cómo ir de la pasividad a la creatividad. Pues para esto se propone un camino también de dos pasos: Primero el estudio, dividido en dos aspectos básicos: el aprendizaje de contenidos arduos con método, tiempo y esfuerzo. Luego el estudio de vidas ejemplares. Estas ponen carne a los conceptos. El segundo dinamismo es sin duda la misión con el adjetivo que ahora suena tanto “compartida”, además este es un aspecto que nos impulsa a salir de nosotros mismos. Para esto nos formamos. El camino espiritual fragua, como hemos visto concluye con el envío. No hemos de olvidar que la flecha es hecha y no sabe a donde será lanzada, por tanto va donde el arquero la envía, de igual manera nosotros nos formamos con disponibilidad universal.


BREVE RESEÑA DE LA VIDA DE CLARET:

En la villa industrial de SALLENT al norte de España, en la provincia de Cataluña nace el 23 de diciembre de 1807, ANTONIO CLARET.

Es el quinto hijo de una familia de once.

Fue bautizado el 25 de diciembre del mismo año.

Los textiles se convierten en su verdadera pasión.

Un domingo, el predicador en la misa repite las palabras del evangelio:

“¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si al final pierde su alma?”

Llamado por el Señor ingresó en el Seminario y se ordenó sacerdote en Vich en 1835.

Recorrió incansablemente Cataluña y la Islas Canarias predicando la Palabra de Dios.

En 1849 fundó la Congregación de Misioneros Claretianos.

En Octubre del mismo año es nombrado Obispo de Cuba, y evangeliza la Isla hasta 1857. En este tiempo funda la Congregación la Religiosas Claretianas.

Habiendo sufrido un atentado contra su vida, es llamado a Madrid para ser confesor de la reina Isabel II. Predica, aprovechando los viajes reales, por toda España.

Desterrado en 1869 por la Revolución, asiste en Roma al Concilio Vaticano I.

Muere en Fontfroide (Francia) el 24 de Octubre de 1870. Hasta allí le habían seguido la calumnia y la persecución.

Hombre de profunda oración, pastor celoso, evangelizador incansable, escritor fecundo y popular.

El lema de su escudo encierra la razón de su ser en la vida: "La caridad de Cristo nos urge".

ASÍ ES CLARET

Peregrino sin miedo a los caminos,
sencillo y sin nada para andar.
Con Palabra de fuego en sus labios,
de Cristo urgido por su amor.

Así es Claret: una vida para la misión,
y su misión es que todos tengan vida,
vida plena, vida abundante
en Jesús vida abundante.

Hombre de virtud y valor probados,
llamado a convertirse en servidor.
Fiel a Dios, a su fe y a sus hermanos.
Nacido para evangelizar.

Un corazón abierto a todo el mundo
apasionado por las almas y por Dios.
De Sallent, Cuba, Madrid, al destierro,
sin que nada arredre su andar.

Manso como hierro que se forja,
directo cual saeta contra el mal.
Formado y guiado por María,
Hijo de su Inmaculado Corazón.

Julio Daniel Arváez Polanco, cmf

26 septiembre, 2009

BOLETÍN 23

EXPERIENCIA DE APOSTOLADO EN USULUTÁN.

Por: Abraham Ramos, cmf.

Todos los sábados salgo con mucho entusiasmo a las cinco y treinta de la mañana al apostolado, hago un recorrido de dos horas y media en el auto bus hasta llegar al Departamento de Usulután.

Luego me traslado en equipo misionero con el P. José Vidal Pérez, el P. Edy Quiroz y el estudiante Julio Arváez a los diferentes cantones, los cuales se caracterizan por ser comunidades campesinas que se dedican a la agricultura y la ganadería; y a las comunidades pesqueras y “curileras” de las islas ubicadas en la Bahía de Jiquilisco.

El servicio misionero que realizamos consiste, en primer lugar, en formar a las comunidades en el área de Biblia. Dicho servicio consiste en compartir con la gente talleres bíblicos de iniciación.

El contenido de los talleres consiste en facilitar “métodos de lectura bíblica”, o mejor dicho, “claves de interpretación bíblica”. Con lo se quiere ofrecer algunas pistas para leer la Palabra de Dios desde nuestra propia realidad y con un sentido de comunidad.

Estas claves de lectura de la Biblia ayudarán a descubrir la riqueza de la Palabra de Dios, a la vez que les permitirá desarrollar actitudes de escucha y de diálogo; elementos muy importantes para una reflexión profunda de aquello a lo que Dios nos está llamando. Al compartir este método buscamos desarrollar habilidades y destrezas para leer creativamente el texto bíblico, sacándole el mayor provecho posible.

Estos talleres bíblicos, pretenden ser un instrumento pedagógico para los diferentes agentes de pastoral: catequistas, animadores de pequeñas comunidades y delegados de la Palabra.

Como Misioneros Claretianos, queremos vivir nuestro carisma de “oyentes y servidores de la Palabra” insertos en estas comunidades campesinas y pesqueras de Usulután. Esperamos que este sea un aporte significativo para la tarea pastoral y evangelizadora de la Iglesia local para animar, profundizar y recrear una lectura viva de la Biblia.

En segundo lugar, nuestra tarea misionera consiste en crear un proceso de Pastoral Juvenil Rural. Ya que existen grupos juveniles solamente en el casco urbano, y los jóvenes de los cantones están abandonados. Estos muchachos y muchachas andan en búsqueda, y no cuentan con un espacio dedicado a ellos para encontrarse con Dios y consigo mismos.

Hemos iniciado el proceso en dos comunidades, Julio acompaña a los jóvenes del Cantón “El Botoncillo” y yo acompaño a los del Cantón “Desmontes”. La participación ha sido muy numerosa, están muy entusiasmados y lo mejor es que se van comprometiendo más en la comunidad, en servicios como el coro, lectorado y algunos que nos acompañan a visitar ancianos y enfermos.

Como misionero en formación, el acompañar estas comunidades está siendo una experiencia muy enriquecedora, ya que aparte de lo poco que he podido ir dando, ha sido mucho más lo que he ido recibiendo; siento que he aprendido mucho de esta linda gente humilde y sencilla.

SERVIDORES DE LA PALABRA

Por: Julio Arváez, cmf

Desde la Semana Santa de este año los Misioneros Claretianos hemos estado ofreciendo un servicio misionero en comunidades de la Bahía de Jiquilisco, en el departamento de Usulután. Allí colaboramos con Mns. Rodrigo Orlando Cabrera, obispo de la zona, para acompañar al clero diocesano en el esfuerzo de formación de delegados, catequistas y agentes de pastoral.

Para asumir la tarea llegaron a esta diócesis los claretianos José Vidal Pérez y Eddy Quiróz; quienes se ubicaron en el sector de Puerto Parada. Ya en la zona se vio la posibilidad de acompañar, en coordinación con los párrocos de estas áreas, las comunidades costeras de Puerto Parada, Los Desmontes, Puerto El Flor, Botoncillo, Las Conchas y 27 de Agosto, así como a la feligresía en las islas El Joval, Espíritu Santo, Corral de Mulas, Rancho Viejo y Pirraya. Estas pequeñas comunidades pertenecen a dos parroquias, las de Divino Rostro de Jesús (Puerto El Triunfo) y San Francisco de Asís (Usulután centro).

La zona se caracteriza por las labores de pesca y una fuerte actividad ganadera. Muchas de las comunidades tienen agua gracias a proyectos comunitarios. Hay una abundante niñez y juventud, la cual cuenta con centros de educación media, pero pocas oportunidades de desarrollo. Estos son sectores vulnerables a inundaciones por lluvias y a los efectos de mareas muy altas, que los han afectado con cierta frecuencia. La migración se deja sentir en muchas familias separadas, una notoria dependencia a las remesas que genera una juventud instalada pero que no necesariamente considera dejar sus tierras. Es un cantón con muchos caseríos pequeños, distantes entre sí y un transporte poco fluido. Esta es una de las dificultades para las visitas del párroco, lo cual nos ha posibilitado el acompañar estas parroquias junto a la tarea de la formación.

En las islas la necesidad de acompañamiento pastoral es mayor, pues han estado menos animadas desde que los Pasionistas dejaron la zona (año 1978 aproximadamente) y la diócesis no tuvo personal para atenderlas desde el centro de Usulután. Esta dificultad se agrava en tiempos de la Guerra, cuando estos sectores quedan aislados.

Desde estos servicios los claretianos hemos encontrado una nueva manera de apoyar a la Iglesia que peregrina en El Salvador. En este sector hemos percibido la necesidad de formar catequistas. De parte de las comunidades hay apertura e interés por vivir y celebrar la fe, aunque se congregan pocas personas. Muchos buscan acompañamiento espiritual. Es de reconocer la gran labor realizada por los “servidores” de la Renovación Carismática, que durante mucho tiempo han animado y fortalecido a las comunidades católicas de estos cantones. En todas las comunidades hay grupos de oración que junto a sus servidores han mantenido cada semana encuentros que unen a la feligresía y avivan la fe.

Ahora en las comunidades se expresa que sienten más cercanía, interés y acompañamiento por parte de su Iglesia. Se les ofrece la Eucaristía, visitas de hogares, integrarlos a los talleres de formación bíblica, trabajo con jóvenes y niños. Sentimos la necesidad de más misioneros laicos dentro de las comunidades, más visitas a las familias y una formación integral y liberadora.

En este servicio misionero nos sentimos movidos por un pueblo que ha sido luchador y ha buscado cómo remediar la pobreza y marginación que enfrentan. La formación bíblica nos permite percibir esa sed de Dios y su palabra que tiene el pueblo, y el potencial del laicado que tantas veces se desatiende por falta de promoción. Poco a poco, en nuestro proceso de identificación cordial con los hermanos y hermanas que queremos acompañar en su fe, vamos conociendo mejor las comunidades y nos dejamos interpelar por la realidad que se vive en las comunidades, vistas a la luz de la Palabra y del espíritu misionero.

¿QUÉ ES PARA USTED LA BIBLIA?

Sigfredo López, de la comunidad Los Desmontes nos dijo: “Es un libro que nos sirve para instruirnos en la vida, nos ayuda para acercarnos más a Dios, y llevar una vida espiritual, y esto es algo que nos ayuda a nosotros tanto en lo material como lo espiritual”

Rosa, de Puerto Parada, nos decía: “La Biblia es muy importante, porque nos habla de Dios desde antes que nosotros existiéramos y su mensaje nos conduce por en el bien. Personalmente me anima a llevar la Palabra de Dios a otras comunidades”.


De Rancho Viejo, Yasmina Esperanza López Membreño: “Allí está la palabra de Dios, nos enseña muchas cosas. Antes que no estudiaba la Biblia no entendía nada cuando me leían algo de la Biblia, pero ahora sé que allí está la palabra de Dios y puedes aprender mucho de ella para tu vida. Me gusta porque en la Palabra encuentro paz, tranquilidad, el consuelo de Dios, ánimo”.

Rita Chávez: Para mí la Biblia es la Palabra de Dios, lo más esencial para nuestras vidas. En la cual podemos descubrir las enseñanzas de Dios a través de la Palabra para que le conozcamos, le amemos, le sirvamos. Es allí donde está la esencia del mensaje de Dios y eso nos ayuda a poder así ir cambiando y queriéndole conocer más. Me siento ahora animada a descubrir más en la Biblia; siento que voy a prendiendo más de la Biblia, así como quien conoce a una persona, por medio de los libros que tiene y sus enseñanzas.


MEMORIA DE NUESTRO MÁRTIRES.

Alfonso Acevedo (Foncho)
12 de Septiembre de 1982

Catequista, mártir de la fe y del servicio a los desplazados de El Salvador. Agente de pastoral de 46 años, padre de ocho hijos. Asesinado de tres balazos en la cabeza, después de ser brutalmente torturado. "Foncho", como todos lo conocen, es jefe de publicidad del periódico "La Prensa Gráfica", de San Salvador. Pero, fundamentalmente, es un cristiano que hace las veces de "párroco" en San Antonio Abad, desde que la persecución a la Iglesia dejó sin sacerdote a esa populosa barriada de la capital.

Desde hace más de diez años "Foncho" es el gran servidor y animador de la comunidad: huérfanos, viudas y desplazados por la guerra constituyen su preocupación constante. Además, prepara las celebraciones litúrgicas, busca sacerdotes para presidir la eucaristía y administrar los sacramentos. Por su entrega, preparación y experiencia es el responsable del equipo de pastoral local. Y ese es su gran delito. Y como a un delincuente lo sacan de su casa, a las dos de la mañana, varios hombres uniformados, que le vendan los ojos y le amarran las manos a la espalda. Al amanecer, sus amigos encuentran su cuerpo en el otro extremo de la ciudad.

La palabra de Dios no se compra.

La Palabra de Dios no se compra,
la Palabra de Dios no se vende
la Palabra de Dios se regala
y se comparte entre la gente.

No es fruto del trabajo
del labrador explotado,
ni se cosecha en haciendas
de mayores afincados.
No es amiga de dineros,
ni de podridos impuestos,
ni de derramada sangre
para así acallar al pueblo.

Es la paz valiente armada
una lucha encarnizada
de valores y justicia,
libertad sin barricadas.
Un espejo de pobreza,
fortaleza del que fía
cuando ya faltan las fuerzas,
es la fuente de la vida.

Sufre con aquel que llora
y comparte su pobreza,
parte el pan y sacia el hambre,
siempre hay un sitio en su mesa.
Basta ya de hacer discursos
de palabras tan baratas,
es hora de abrir fronteras
y dar el paso a la esperanza.

Héctor Guzmán, cmf

BOLETÍN 23

22 agosto, 2009

BOLETÍN 22

MI EXPERIENCIA DE NOVICIADO.

Por: Julio Arváez , cfm


“…la Transfiguración no es sólo revelación de la gloria de Cristo, sino también preparación para afrontar la cruz. Ella implica un «subir al monte» y un «bajar del monte»: los discípulos que han gozado de la intimidad del Maestro, envueltos momentáneamente por el esplendor de la vida trinitaria y de la comunión de los santos, como arrebatados en el horizonte de la eternidad, vuelven de repente a la realidad cotidiana, donde no ven más que a «Jesús solo» en la humildad de la naturaleza humana, y son invitados a descender para vivir con Él las exigencias del designio de Dios y emprender con valor el camino de la cruz.” (VC 14)

Han pasado dos semanas de haber finalizado mi año de noviciado en Guatemala. Ahora en El Salvador, habiendo bajado del “Tabor”, algunos aspectos del ritmo diario como novicio han quedado finalizados, sin embargo otros siguen aún conmigo, y espero que así sea por largo tiempo.

Ciertamente el teologado difiere del noviciado. Fuera de aquella “burbuja”, en la “libertad” de espacios de esta etapa de teología, algunas cosas se ponen a prueba, sobre todo los compromisos que asumí como novicio sobre mi oración diaria, una vida más centrada en Jesús y menos dispersión en activismos. De esas experiencias, que fueron mi “transfiguración”, comparto tres que me han marcando notablemente: la vivencia de la oración, la interculturalidad y el compromiso misionero; dimensiones que empiezan a incidir notoriamente en mi actual transcurrir de vida. En este sentido:

- La oración se ha situado como un nuevo referente, una necesidad, para mi cotidianidad. El ritmo de oración del noviciado fue intenso. Muchas horas, algunas mejor vividas que otras, pero que en general significaron un renovado encuentro con el Padre-Madre de bondad, en un diálogo de vida que transforma y da fuerzas para el camino. La oración (comunitaria y personal) fue tiempo de encuentro, de escucha, de transformación y experiencia de seducción con el Dios de amor que llama, envía y conforta.

- La vivencia de la interculturalidad fue un ahondar lo vivido en los años de formación, ahora compartiendo con compañeros de culturas caribeñas. La experiencia fraterna (aún cuando fuimos sólo cuatro novicios) nos permitió vivir un acercamiento a otros contextos de fe, historia, ideologías, costumbres y proyección del carisma, e intercambiar los propios. Nos movió a dialogar ante las dificultades y a abrirnos a la intermentalidad para comprender, aceptar y respetar la manera de ser y pensar de los demás. Esto indudablemente acabó transformando la manera de verme a mí mismo y cómo reaccionar ante la realidad. La comunidad intercultural del noviciado significó para mí un crecer en cercanía, diálogo y fraternidad con los hermanos.

- El compromiso de servir en la misión de Jesús según la gracia del carisma claretiano, el cual es un don del Espíritu que nos llega mediado por la Congregación. El noviciado marcó el inicio de mi nuevo momento en la vida, un renacer en la vida religiosa para un servicio por el Reino como servidor de la Palabra, al estilo de Claret en comunidad misionera. Esta es una dimensión que se presentó en cada elemento del noviciado, y de diferentes maneras confrontaba y consolidaba mi vocación; me brindó criterios para entender y asumir este estilo de vida consagrada como camino de servicio, felicidad y fidelidad.

Todavía está ir viéndose lo que el noviciado ha sembrado en mí, pero procuraré seguir cultivando lo recibido, confiando plenamente en Dios, esperando dar buen fruto por todo lo recibido en este año de gracia.

Finalizo compartiéndoles que, tras lo vivido en este último año, se ha profundizado en mí esa figura y experiencia tan claretiana de la Fragua. Ahora entiendo mejor qué implica ser caldeado en el Corazón de María, cuál es esa saeta que el Espíritu quiere formar de mi hierro y el proceso de transformación que esto requiere. Sigo con más disponibilidad para continuar mi proceso de “golpeado” para configurarme con la persona de Jesús, ser ese sujeto idóneo puesto en las manos de María y listo para ser “lanzado” a la misión , siendo como ella: un corazón en el que encarna la Palabra de Dios. Sigo así bajando del monte con Jesús, en ese camino de entrega para el pueblo de Dios, sintiéndome acompañado por María, Claret y de la Congregación.


DE MISIÓN EN LA CEIBA, HONDURAS.


Por: Edgardo Guzmán, cmf

Por todos es conocida la difícil situación política que vive el pueblo hondureño en estos momentos, esto nos hizo replantearnos en algún momento la posibilidad de ir o no, a nuestra experiencia misionera de mitad de año que solemos tener en aquellas tierras. Con algunas dificultades con el transporte por las tomas de carreteras llegamos el día previsto con algunas horas de retraso a nuestra primera estación.

Después de una semana de ejercicios espirituales en El Horeb, La Sabana, en el municipio de San Manuel, a pocos kilómetros de San Pedro Sula, salimos para la acogedora y cálida ciudad de La Ceiba, a la recién creada Parroquia San Antonio María Claret. Al programar la misión se nos dijo que iríamos a un sector de la parroquia que no cuenta con ninguna estructura eclesial, a colonias y residencias que son nuevas donde la gente está empezando a conocerse. En principio nos resultó difícil ya que estamos más acostumbrados a realizar nuestras experiencias misioneras en zonas campesinas, indígenas, suburbanas o rurales. Sin embargo con entusiasmo emprendimos el servicio confiado en compañía de algunos laicos y laicas que conocen la zona y que sin su colaboración y amistad no hubiera sido posible las semanas de evangelización que llevamos acabo.

¿En qué consistió la misión? Fuimos distribuidos cada uno (los cinco en total) a un sector que comprendía una o más colonias y en donde nos tocaría visitar los hogares, conocer las familias católicas, detectar los líderes, motivarles a integrarse a la nueva parroquia y convocarlos para las actividades que tendríamos durante la semana: un pequeño curso bíblico, reunión de las comunidades eclesiales, finalizando cada semana con una celebración de la palabra. El objetivo además de acercarnos, compartir y conocer era el de animar a la formación de pequeñas comunidades con el propósito de que se sigan reuniendo cada semana.

En total fueron como unas 20 comunidades las que recorrimos entre todos, en donde encontramos distintas experiencias de vida y situaciones personales, familiares, sociales… en todos lados se comentaba el tema de la coyuntura nacional, había opiniones encontradas y un cierto cansancio e impotencia por no encontrar una salida justa y razonable a la situación, en algunas casas nos recibieron con los brazos abiertos y con alegría, en otros se nos atendía detrás de las puertas o ventanas a veces con un tono poco amable, cada noche al encontrarnos de nuevo en casa íbamos compartiendo lo vivido durante el día, así fuimos tejiendo nuestra experiencia.

Todas estas vivencias tienen para nosotros sobretodo un carácter formativo, más que la eficacia apostólica, lo que buscamos es aprender y dejarnos interpelar por la realidad que vive nuestra gente, al palpar las distintas situaciones de pobreza, violencia, injusticia, corrupción, etc. nos damos cuenta que nuestra respuesta misionera tiene que ser más urgente, oportuna y eficaz que provoque la construcción del Reino de Dios. Agradecemos la disponibilidad de los que nos acompañaron, la hospitalidad que tuvieron con nosotros que nos hizo sentir bien acogidos, la generosidad en tiempo y recursos, la esperanza y la fe que tienen a pesar de todo y que nos hace ver que la utopía por una vida más humana y feliz está encendida, que vale la pena esforzarse y darlo todo para no dejarla apagar y para contagiarla a los demás.

RENOVACIÓN RELIGIOSA,
MEMORIA MARTIRIAL CLARETIANA.


Por: Oscar Arnulfo B. Moreno, cmf

En Barbastro, en el mes de agosto de 1936, fueron masacrados 51 misioneros claretianos, la mayoría de ellos jóvenes, inquietos y animados por el mismo espíritu que encendió el celo apostólico de San Antonio María Claret. Sobre ellos, en el momento del suplicio, un testimonio dirá “Todos estaban tranquilos y resignados…En todos se notaba el mismo valor, el mismo entusiasmo; ninguno desfalleció ni mostró cobardía”

Reunidos casi todos los miembros de la Comunidad Claretiana de El Salvador, nos dimos cita para celebrar la memoria y para renovar nuestra disponibilidad de seguir a Jesús misionero al estilo de Claret. Con la intensión de mantener viva la memoria de nuestros hermanos mártires, este día 13 de agosto de 2009, en el Teologado claretiano de La Sultana, Antiguo Cuscatlán, 5 de nosotros hemos renovado nuestros votos religiosos.

El Padre José Sentre, nuevo superior de la comunidad, nos recibió los votos. En la homilía, nos dijo que el contenido que debe llenar nuestras vasijas es Cristo mismo. Que la experiencia de sentirnos hijos en el Hijo, solamente la profundizaremos en la oración perseverante. Únicamente la oración y la escucha –y vivencia- de la Palabra nos mantendrán firmes en nuestra opción de vida misionera. Hemos, por tanto, estar unidos a la vid verdadera para evitar que nuestras vasijas, por estar vacías, se rompan.

Hicimos, pues, Abel y Edgardo, Alvin, Salvador y Oscar, nuestra renovación religiosa, pidiendo al resto de la comunidad oren por nosotros, para mantenernos firmes y fieles en el seguimiento de Jesús, misionero del Reino e inspirador de nuestro diario caminar. Casi al final de la eucaristía, el nuevo superior de la comunidad hizo profesión de fe, para reafirmar la disposición al nuevo servicio que se le pide: animar y caminar juntos, en este país que nos acoge y nos inspira a dar lo mejor a favor de la vida.

Pasamos, posteriormente, a compartir un rico almuerzo. Uniéndonos al sentir congregacional, que hace memoria martirial y quiere seguir construyendo el Reino, en y desde la misión, con nuevas fuerzas y renovado celo apostólico. Que el canto de nuestros mártires “¡Viva Cristo Rey!”, nos anime en cada instante, y hagamos vida lo que dejó dicho Faustino Pérez en su testamento un poco antes de ser martirizado: “Yo gritaré con toda la fuerza de mis pulmones, y en nuestros clamores entusiastas adivina tú, Congregación querida, el amor que te tenemos, pues te llevamos en nuestros recuerdos hasta estas regiones de dolor y muerte”.

MURIERON PERDONANDO.

Por: Abel Carbajal, cmf.

Los testimonios sobre los claretianos mártires de Barbastro (Huesca, España) son impresionantes. Aún se nos eriza la piel al leer sus escritos y descubrir la plenitud de su entrega por el amor a sus ideales tan característicos de la juventud y tan cargados de esperanza misionera. Barbastro entero fue testigo de aquella pasión por el seguimiento de Jesús y su fidelidad a sus votos religiosos. Sin duda el espíritu misionero de estos hermanos nuestros estaba muy enraizado en lo propio del carisma claretiano: La irrenunciable dimensión misionera y la ardiente devoción al Corazón de María teniendo como base de todo a “Cristo Rey” como ellos lo llamaban en su época.

Fueron detenidos el día 20 de julio de 1936, durante la persecución religiosa que se desató en la guerra civil española. La comunidad de misioneros claretianos de la ciudad de Barbastro estaba formada por 9 padres, 12 hermanos y 39 estudiantes de Teología para un total de 51 miembros. Todos fueron encarcelados por el único “delito” de pertenecer a una congregación religiosa y llevar sotana. Después de permanecer durante varios días en prisión y haber sufrido un sin fin de adversidades casi inimaginables con torturas físicas y psíquicas; fueron fusilados en cinco grupos entre los días 2 y 18 de agosto. Según testigos primero asesinaron a los superiores para ver si así los jóvenes misioneros accedían a las ofertas de liberación si abandonaban su hábito religioso. Ninguno hizo caso a tales propuestas.

En todo Barbastro corría la noticia de que los misioneros iban cantando al martirio: “Viva Cristo Rey, viva el Corazón de María”. No son pocos los testimonios que aseguran que murieron perdonando a sus verdugos y deseando el progreso de su congregación como escribió el Beato Faustino Pérez poco antes de ser ejecutado brutalmente: “Morimos todos rogando a Dios que la sangre que caiga de nuestras heridas no sea sangre vengadora, sino sangre que entrando roja y viva por tus venas, (congregación querida) estimule su desarrollo y expansión por todo el mundo”. Esto es una característica propia de los hombres y mujeres que la Iglesia ha llamado mártires. Pero, ¿Quién es un mártir? ¿Cuál es el significado eclesial que posee el martirio? Según algunos autores, mártir es aquél que testimonia, que da razón de su fe en Jesucristo.

Sin duda, el testimonio de nuestros mártires sigue vivo en la Iglesia. Y a quienes hemos bebido de su mismo carisma en la congregación claretiana, nos interpela a entregarnos en nuestra tarea misionera, con mayor generosidad en esta historia concreta que cada vez nos exige una radicalidad más encarnada, para saber dar respuesta a los nuevos desafíos en un mundo tan inclinado a lo Light, a lo poco profundo, a lo pasajero. El valor de aquellos jóvenes mártires de 1936, ha de ser hoy nuestro valor, nuestro entusiasmo misionero, nuestro deseo de acercar a más personas el Reino de Dios. Sus utopías, propias de la época, nos animan a seguir luchando por las nuestras hoy, a seguir creyendo que es posible construir un mundo cada vez más humano y lleno de esperanza.

NATALICIO DE MONSEÑOR ROMERO.


El siervo de Dios Oscar Arnulfo Romero, nació en Ciudad Barrios departamento de San Miguel un día 15 de agosto de 1917. Era el segundo de ocho hermanos, su padre se llamaban Santos y su madre Guadalupe. Formaban una familia humilde y modesta.

A los 14 años entró al Seminario Menor de San Miguel, llevado por los Misioneros Claretianos y allí permaneció durante 6 o 7 años. En 1937 ingresó al Seminario Mayor de San José de la Montaña en San Salvador. Fue ordenado sacerdote en Roma el 4 de abril de 1942, donde continuó para hacer su tesis doctoral. Interrumpió sus estudios debido a la segunda guerra mundial por lo cual regresó a El Salvador. Su primera parroquia fue Anamorós, luego pasó a San Miguel donde realizó su labor pastoral durante 20 años. “Desde su vida de estudiante, de joven sacerdote y de su ministerio posterior, se descubre en él, la profundidad enorme de su vida, de su interioridad, de su espíritu de unión con Dios, raíz, fuente y cumbre de toda su existencia”.

HIMNO A LOS MÁRTIRES DE BARBASTRO.

Sobre el sol de Somontano
Misioneros claretianos,
Y el altar del Pirineo
Sangre nuestra sois, hermanos
Hoy blandís vuestras manos
El martirio por trofeo.

Misioneros de Barbastro
Sangre unida en holocausto
De la casa de Claret,
Compañeros de ideales,
Seguidores radicales
De Jesús de Nazaret.

Juventud cantando vais
Al encuentro de la muerte,
Que el amor del Rey que amáis
Es más libre y es más fuerte.
Con la muerte celebráis
Su Palabra y su memoria
y a la Madre que os espera
en el Pueyo de la gloria
afrendáis la primavera.

Moriréis,`` siempre a su lado``,
Y a su lado reinaréis,
Vencedores coronados
Por la luz de Cristo Rey.
Y al morir,`` firme la voz`` y``Serena la mirada``
Sobre el Pueblo roto en dos
Derramáis la paz de Dios
Con la sangre derramada.

Martirial Eucaristía,
Los tres votos, día a día,
Os hicieron oblación
Y en la fragua de María;
Y hoy sabéis morir de pie
Entre el canto y el perdón,
Claretianos en misión
De testigos en la fe.

Misioneros claretianos,
¡sangre nuestra sois, hermanos!
Enseñadnos a vivir
Con la misma rectitud,
Radicales en la opción.
Convocad a la juventud
A una misma vocación
Y en la urgencia de Claret,
Para el sueño y la pasión
De ese Reino en construcción
De Jesús de Nazaret.

Pedro Casaldáliga, cmf.

16 julio, 2009

160 AÑOS DE FUNDACIÓN


"HOY COMIENZA UNA GRANDE OBRA"

El día 16 de Julio de 1849, hallándonos ya reunidos, con aprobación del señor Obispo, empezamos los santos ejercicios espirituales en el Seminario nosotros solos, con todo rigor y fervor. Como cabalmente en este día 16 es la Santa Cruz y de la Virgen del Carmen, por tema de la primera plática puse aquellas palabras del salmo 22, 4: "Tu vara y tu callado me sosiegan". Aludiendo a la devoción y confianza que hemos de tener en la santa Cruz y en María Santísima; aplicando además todo el salmo a nuestro objeto. De aquellos ejercicios todos salimos muy fervorosos, resueltos y determinados a perseverar y, gracias sean dadas a dios y a María Santísima, todos han perseverado muy bien. Dos han muerto y se hallan actualmente en la gloria del cielo gozando de Dios y del premio de sus trabajos apostólicos y rogando por sus hermanos. (Autobiografia n. 490).


ENTREVISTA AL P. GENERAL JOSEPH ABELLA, CMF

¿Cómo se vive y se incultura el carisma claretiano en los diferentes lugares del mundo donde tenemos presencia?

Yo creo que lo fundamental del carisma claretiano es vivirlo todo en clave misionera. La espiritualidad y la oración en clave misionera. En la oración sentirse interpelado, llamado por Dios, sentirse enviado; en la relación con las personas tener esa capacidad de intuición para saber encontrar aquella palabra que la gente necesita, aquella actitud con la que se debe acompañar, aquella acción que está precisando para abrir nuevos horizontes en su vida. Es también esa sagacidad para saber leer los signos de las culturas y saber encontrar el camino preciso de anuncio del Evangelio en esa cultura. Es también vivir la comunidad en clave misionera como aspecto fundamental del carisma claretiano. Pero es una comunidad, que vivimos para experimentar la fraternidad y sentirnos enviados a la misión, en la comunidad retroalimentamos el espíritu misionero, de modo, que luego podamos salir enviados y compartir esa experiencia con los demás. Yo diría que lo fundamental es vivirlo todo en clave misionera.

¿Cómo prepararnos hoy para enfrentar los desafíos de nuestro mundo, concretamente de cara a la misión?

Ciertamente la oración y el estudio son dos puntos fundamentales sobre los que hemos de construir nuestra vida misionera. Una oración y un estudio profundos, serios; con una orientación misionera. Ese recoger en la oración, que no sea simplemente el proyecto misionero, digamos; la conclusión de un cálculo o un análisis que hemos hecho nosotros, sino que sea consecuencia de este análisis visto e iluminado desde la palabra de Dios, esto es lo que nos trae la oración. El estudio igual, no es simplemente para saber más, lo cual es importante; sino, es para capacitarnos, para poder dialogar más y mejor con las personas a quienes vamos a comunicar el anuncio del evangelio. Otra cosa importante es estar atentos a la realidad, las respuestas no pueden ser fáciles y ahí viene todo el tema de la inculturación que nace precisamente de una atención a la realidad. Otro aspecto muy importante es amar a la gente a la que uno ha sido enviado. Yo no entiendo a un misionero que es enviado a un sitio y está todo el día criticando a las personas con quienes está conviviendo y trabajando. El misionero es aquel que sabe ver críticamente la realidad, también la realidad de las personas, pero que sabe amarlas y de ahí nace toda esta dimensión de saber entregarse a ellas. Luego otro aspecto muy importante para la misión, es aprender a trabajar con otros, la complementariedad, que yo no lo tengo todo ni soy el superman que lo puede dar todo, a mi me toca aportar algo y a los otros también, esa complementariedad me parece importante, por decirte algunos rasgos, seguramente habrá muchos más.

Nuestra espiritualidad desde la alegoría de la Fragua. ¿Qué dinamismos hemos de potenciar para cultivar nuestra espiritualidad claretiana?

La imagen de la fragua es muy buena para expresar el proceso que vamos siguiendo para llegar a una configuración con Cristo evangelizador, que es el núcleo de la espiritualidad claretiana, el primer aspecto es el conocerse a sí mismo como una persona amada por Dios, una persona de comunidad. El segundo es abrirse al amor del padre, acoger su palabra, y el tercero el dejarnos entusiasmar por Jesús, el dejar que el Espíritu vaya transformándonos. Luego viene toda la respuesta que damos a la misión, esto es lo que ha ido configurando el camino del padre claret. Él tenía sus proyectos, su ilusión en la fabricación textil y aquella palabra “para qué sirve todo esto, si uno pierde su alma”, es lo que se repite a lo largo de la vida, es saber conocernos y dejarnos cuestionar por la Palabra que nos abre nuevos horizontes y por la fuerza del espíritu, saber lanzarnos a donde Jesús nos envía.

En este momento histórico concreto: ¿Qué significa ser claretiano hoy?

Significa ser misionero. Esto es fundamental y serlo al estilo de Claret, con creatividad y cercanía a la gente, abierto a la colaboración de los laicos, con ese tono de cordialidad y ternura que le da la dimensión cordimariana, etc. Pero ser claretiano hoy significa sobre todo estar muy atento a la realidad para ver que tipo de respuestas necesita. Ciertamente desde hace 30 años que se hizo ese proyecto global de evangelización para toda la congregación, que se llamó: “La misión del claretiano hoy”. Bueno los tiempos han cambiado y hemos de ver cómo expresar esa misionariedad en las distintas culturas y en un mundo globalizado. Yo creo que las opciones que estaban en ese documento: la evangelización misionera, la opción por los pobres, la apertura al diálogo con la cultura, una evangelización profética transformadora y multiplicadora de líderes siguen siendo válidos. Pero hay todos unos retos nuevos, que nos hacen entrar en una dinámica de diálogo distinto, el diálogo interreligioso, dialogar en comunión de vida con otras personas viven su fe desde otras creencias religiosas, será también cómo dialogar con las culturas, la tensión a saber dialogar con la cultura juvenil, con todos los problemas que tiene el mundo de la juventud. Será saber ubicarse ante un nuevo clima de violencia, cómo ir integrando estos desafíos ya que todo esto nos va a exigir una espiritualidad más profunda, dar un testimonio de comunidad mucho más vivo y buscar nuevos modos de nuestra presencia.

¿Cómo miran ustedes nuestra Iglesia Centroamérica desde otras latitudes del mundo?

Los claretianos la vemos como un lugar donde todavía existe una fuerte religiosidad popular que hay que ir acompañando para que se convierta en una confesión de fe madura de la gente, para que se convierta en fuerza de cohesión de la comunidad y para que también sea fuerza de transformación en la sociedad. Luego todo el tema de las culturas autóctonas que han sido abandonadas durante muchos años y que hay que acompañar y respetar y las que hay que demostrar un cariño especial en este momento. Todo el tema de las comunidades de base que creo que ha sido algo muy inspirador para toda la Iglesia, sobre todo esa lectura de la palabra como una característica fundamental de la Iglesia. Y todo el esfuerzo que ha hecho la Iglesia de acompañamiento a las grandes masas de pobres esas presencias significativas de la Iglesia que ha producido tantos mártires en esta Iglesia de América Latina que creo que es una Iglesia con una historia martirial reciente que es muy cuestionadora para todos, porque nos habla de la gran calidad de catequistas, obispos, sacerdotes, religiosas. En general la vemos como una Iglesia en esperanza y también como una Iglesia plural donde hay muchas tendencias y eso también es verdad, no la podemos idealizar, hay sentencias de todos los tipos, pero en definitiva una Iglesia que puede aportar a la Iglesia universal.

El P. General da un mensaje a nuestros lectores de “Construyendo el Reino”:

Ante todo gracias, por acompañarnos y por apoyarnos en este camino y por apoyarlos también a ustedes en la profundización de su propia vocación. Luego que deseamos caminar juntos con todos ellos y lo deseamos hacer desde la opción radical del seguimiento de Jesús que para nosotros en muy importante. Luego también que nos gusta gozar de su amistad como algo muy humano que ayuda a crecer a todos y que no pierdan nunca la esperanza.

04 julio, 2009

BOLETÍN 21

CON EL CORAZÓN DE MARÍA
La fiesta claretiana del Corazón Inmaculado de María nos remueve la memoria histórica. Es una fiesta que lleva consigo, en sus manos, once años de historia. Secuentan ya once años de la llegada de los misioneros claretianos al Municipio de Armenia, al pasaje Los Almendros, de la Colonia San Antonio.

Con el Corazón de María lo propiamente claretiano, al compartirse dentro y fuera de la casa del teologado, desde la cercanía, la amistad, y la alegría, se compartió y se dio a conocer lo mariano, lo materno y la espiritualidad cordimariana, se convirtió en fiesta de amigos y amigas y de todas las personas que viven en el Pasaje Los Almendros. Esta celebración “del pasaje” hunde sus raíces en los años 1997 y 1998, desde que las primeras generaciones de claretianos comenzaron los estudios teológicos en la UCA de El Salvador. Así, pues, lo que fue una idea se transformó en propuesta, y ésta llegó a ser fiesta familiar, fraterna unida por el Corazón de María.

…la fe…
La fiesta del Corazón de María se convirtió en lugar propicio para vivir, celebrar y reavivar la fe personal y comunitaria. En el transcurso de los años se ha hecho tradición celebrar este día de todos y de todas. La familia ha venido creciendo. Año tras año, las distintas generaciones de jóvenes claretianos han animado y se han unido para organizar con “los y las del pasaje” y preparar la fiesta cordimariana.
…en la historia…
Una fiesta compartida que ha hecho una historia interesante. En El Pasaje, el propio día se han dado cita hermanos y hermanas venidos de diferentes lugares. Ha sido por estos años un lugar de encuentro, de conocidos y desconocidos, de amigos y amigos, de diferentes personas procedentes de comunidades y cantones con los que como claretianos trabajamos y que de una u otra manera comparten la alegría que identifica a la familia claretiana.

…se celebra en familia
Celebrar la vida, celebrar la amistad, el encuentro, la fe y otras riquezas, convirtió el Pasaje Los Almendros en un Lugar Teológico. Un lugar donde Dios se alegra, celebra, se manifiesta y comparte la vida y la fe de sus hijos e hijas de esta gran familia. Es por eso que este año 2009, lo que antes he dicho se ha actualizado.

Se preparó, se adornó el altar, se ambientó con gallardetes y flores; se compartió la Palabra y la eucaristía, se invitó a seguir siendo hijas e hijos cordiales, solidarios, como María. La ausencia de lluvia nos permitió gozar y reír con puntos artísticos y bailes chistosos preparados con entusiasmo. “La Martina se hizo presente”. El “dale maraca, maraca, maraca” hizo reír y sorprender a más de algún mirón. Se compartió un rico sándwich y una deliciosa horchata, preparada por las manos y corazones de las amigas, de las madres, de las vecinas de los claretianos. Queda el compromiso de seguir haciendo historia; de continuar con esta tradición familiar que esperamos sea un compromiso de todo el Pasaje Los Almendros.
¡Animo, Dios nos acompaña y nos invita a celebrar siempre la fe y la vida!
Oscar Arnulfo Barrera, cmf

HOMILÍA EN LA FIESTA DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA ARMENIA, SONSONATE, 27 DE JUNIO DE 2009

El amor al Corazón de la Madre nos ha mantenido unidos como una sola familia.

Si la memoria no me falla
hemos venido celebrando desde el año 1998 la Fiesta al Inmaculado Corazón de María. En este mismo pasaje hemos sido testigos de un sin número de hermanos y hermanas, comunidades y delegaciones que nos han acompañado no sólo de Armenia, sino de los distintos cantones que forman parte de esta comunidad; como también nos han acompañado representaciones de otros lugares en donde los Misioneros Claretianos realizan sus tareas pastorales, han estado con nosotros amigos y familiares de Ustedes, que se han unido como una sola familia a celebrar la fiesta del corazón de la Madre. Durante estos once años hemos hecho una historia en común. Doy gracias a Dios porque él me permitió estar desde el inicio de esta fiesta junto a Ustedes en el año de 1998. Se guardan en mí los recuerdos de los inicios, sobre todo la alegría, entusiasmo, cordialidad y el sentido de comunidad que han mantenido desde el comienzo de esta celebración. Han manifestado durante estos años a través de gestos sencillos el grande amor que le tienen a María. Hoy podemos decir que esta fiesta nos pertenece a todos y a todas que manifestamos un ferviente amor a la Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre nuestra.

Abramos el álbum de los recuerdos…

Hoy es un buen día para abrir el álbum de los recuerdos de nuestra memoria, y de esta manera evocar a personas: hombres y mujeres que su presencia en nuestras vidas han sido significativas.

Es por ello, que cada año que acontece emergen en nuestros corazones y en nuestras mentes el recuerdo cálido, tierno y cordial de hermanos y hermanas nuestros, que hoy a lo mejor no están con nosotros, pero sí que están en lo más profundo de nuestros corazones. Hay en nuestra memoria registros de nombres y rostros concretos, acontecimientos, hechos y experiencias de vida que hemos ido acumulando a través de los años y que nos hace cada vez más cercanos unos con otros, y nos hacen sentir una verdadera familia, hijos de un mismo Padre, hijos de una misma Madre, compañeros de camino. Hemos tejido una historia en común, compartimos una misma vocación la de ser hijos amados de Dios y de María Santísima. En esta Fiesta al Corazón de María, celebramos también la fiesta de nuestra amistad, la fiesta de nuestra cercanía, de la cordialidad, del gozo, de la alegría, de la solidaridad y por supuesto de nuestra unidad.

Formamos parte de una historia de amor: la fiesta del “encuentro cordial y fraterno” que posibilita el Corazón de la Madre.

Desde ya hace 11 años hemos formado parte de esta historia de amor que Dios quiso regalar al pueblo armenience a través de esta fiesta en honor al Corazón Inmaculado de la Madre. Al celebrar el Corazón Inmaculado de María, celebramos la “Fiesta del Encuentro”, porque a través de esta festividad el Señor nos permite reunirnos, encontrarnos y compartir la vida, la fe y el caminar cotidiano. A través de gestos sencillos de amabilidad, de acogida, de una sonrisa, un abrazo caluroso, un saludo, y también por qué no, a través de la preparación de cantos, en el compartir un tamalito, un cafecito, al compartir un con qué, estamos trans
mitiendo la vida, el Reino, estamos transmitiendo la solidaridad y la amistad que manifestó en su vida María, cuando proclamó a viva voz el canto del Magnificat: “derriba del trono a los poderosos y eleva a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos”…Como también cuando María, una vez que recibe el saludo del Ángel Gabriel y la misión que Dios le encomendaba: “ser la Madre del Salvador”, se dispone a ayudarle a su prima Isabel que está esperando un hijo. María es entonces, la mujer siempre dispuesta a la colaboración, a la disponibilidad, a la entrega sin condiciones, la mujer que se dispone a renunciar a sus proyectos y disponer completamente su vida al servicio de Dios y de los demás.

Hoy es un buen día para agradecer a Dios…

Cada año esperamos con viva fe y con alegría esta fiesta que nos une como pasaje y como gran familia de Dios. Sin lugar a dudas, hoy es un buen día para agradecer a Dios el “encuentro” que ha posibilitado durante estos 11 años que nos unamos y nos hermanamos, como una sola comunidad para celebrar a la Madre de Jesús, Madre de la Iglesia, Madre Nuestra. Se agradece también el esfuerzo que durante estos 11 años hemos realizado para que esta festividad quede a la altura como se lo merece la Madre de Dios; e imploramos a María bajo su Corazón Inmaculado que proteja, cuide, acompañe y forme a cada uno de nosotros sus hijos e hijas para que seamos capaces de mantenernos firmes en el seguimiento y en el amor al Hijo. Que ella nos lleva a los pies del Maestro y que aliente en cada uno de nosotros el espíritu de la fe, que nos posibilite como cristianos y cristianas a dar testimonio con nuestra vida que realmente creemos en los cielos nuevos y en la tierra nueva.

Hoy es un día para la esperanza…cada vez que celebramos la Fiesta del Corazón de María renace en nosotros la esperanza…

Durante estos días hemos ido escuchando a través de los medios de comunicación que se incrementa cada vez la violencia en nuestro país, para algunos no es noticia nueva, simplemente sabemos que los medios de comunicación sensacionalistas y partidistas que tenemos en nuestro país nos venden o nos presentan las noticias que ellos quieren que se conviertan en una agenda para el acontecer nuestro. Todos sabemos que es una realidad que se acrecienta la pobreza, la miseria, el desempleo, la delincuencia en nuestro país. Pero, un cristiano ante estos signos de muerte cómo debería responder? Definitivamente, el cristiano no puede perder la esperanza, no puede perder el sentido de su vida, no puede perder la esperanza y la alegría. No estamos solos en este mundo, sabemos en quien nos hemos fiado. María en el cántico del Magnificat, nos presenta la grandeza de su Dios, que no consiste en ser un Dios escondido, pasivo, sordo, mudo ante el clamor del ser humano. María nos presenta a su Dios como un Dios vivo, amigo, compañero, un Dios que irradia esperanza en medio de los conflictos y dificultades que atravesamos los seres humanos, un Dios que nos inspira confianza, que nos exhorta y nos anima a la esperanza. María nos presenta a ese Dios por el cual su Corazón se alegra y canta todo su ser la grandeza de este Dios que sigue siendo grande, porque se ha fijado en la humillación de su esclava. Es un Dios que hace historia con su pueblo, y tal como lo expresaba Monseñor Romero: “un Dios que salva en la historia concreta de cada ser humano”. Y que sólo es posible resistir a los abates de la vida si nos mantenemos unidos a Dios y haciendo comunidad, ayudándonos unos a otros, ejerciendo en lo cotidiano de nuestras vidas signos y gestos de solidaridad, de ayuda mutua, de comprensión de amabilidad y de mucha tolerancia. No es posible mantener la unidad cuando nuestro corazón está dividido, el corazón de María mantuvo esa unidad, se mantuvo unido a Dios a su Hijo y a los sueños y proyectos del Padre.

En este día que celebramos la Fiesta del Inmaculado Corazón de María podríamos preguntarnos: ¿Qué implica para nosotros y nosotras ser un hijo-hija del Inmaculado Corazón de María?

Ser un Hijo (a) del Inmaculado Corazón de María implica…

Vivir con el Corazón en la Misión: esto implica que nuestro corazón tiene que estar inserto en la misión del Padre y del Hijo, como lo hizo María. No es simplemente un “llamarnos” hijos del Inmaculado Corazón de María, porque muchos pueden llamarse cristianos y en realidad no conocen a quien siguen a Cristo. Se trata entonces de “SER” un Hijo del Inmaculado Corazón de María: se trata de una gracia que nos habilita para recibir la misión en la profundidad del corazón, desde donde el Espíritu nos haga vivir al servicio de la PALABRA; como acogió María al Espíritu en el corazón donde el Verbo de Dios halló fe y se hizo Hijo humano para dar vida al mundo.

Portador de Vida en medio de esta sociedad: tenemos que posibilitar la vida en medio de este mundo, posibilitar la esperanza, los cielos nuevos y la tierra nueva.

Por ello cuando Claret funda la Congregación de Hijos del Inmaculado Corazón de María, se la imagina como los pechos y los brazos de María. En qué sentido? Los pechos de una madre dan vida, dan el sustento a sus hijos. La leche materna fortalece los huesos de los hijos. Los brazos: sede del amor de la madre. Los brazos abrazan a todos, contienen, lanzan a la vida. Los brazos transmiten amor, cariño y ternura.

Según Claret la Congregación tendría que convertirse en los pechos y los brazos de María, de la Madre, que a través del servicio misionero de la Palabra transmitiéramos la vida, la Palabra que es alimento y sustento para los cristianos, la Palabra que es transformadora, transforma el corazón y la vida de los pueblos. Los brazos que nos forman, nos cuidan y nos lanzan en medio de este mundo como una saeta, una flecha en las manos de la Madre para transmitir con coraje y valentía una Buena Noticia. Por tanto, nosotros y nosotras que somos hijos e hijas del Corazón Inmaculado de María, y que cada año celebramos su fiesta, tenemos que ser los pechos y los brazos de la Madre. Tenemos que transmitir la vida, la esperaza, nuestros brazos posibilitan que podamos dar un abrazo fuerte a aquél que necesita compasión, a aquél que está necesitado de cariño, aquél que debido a los problemas, conflictos y dolores de la vida se sienten hundidos en la soledad, en el desánimo, e imposibilitados para amar y encontrarse con los otros, Allí entonces estamos llamados ser los pechos de la Madre que dan vida y los brazos tiernos y compasivos que reconstruyen la dignidad de otros seres humanos.

¿Qué ha sido para nosotros los claretianos en formación celebrar con Ustedes la Fiesta del Corazón de María?...

Para los estudiantes claretianos que hemos pasado por esta casa de formación ubicada en este
pasaje “Los Almendros”, ha sido un tiempo de gracia, ha sido un kairós, hemos sentido realmente el paso de Dios por nuestras vidas. Así como el Corazón de María constituye la “fragua”, el fuego que quema, forja y forma al misionero claretiano, asimismo Ustedes han sido ese fuego del amor de Dios y del Corazón de María que nos han formado durante este tiempo. Ustedes han sido una verdadera escuela de amor, comprensión, apoyo, solidaridad y esperanza para muchas generaciones que han pasado por Armenia. Gracias, por todos esos detalles significativos que han tenido para con cada uno de los claretianos que han pasado por este pasaje. Sientan la alegría y la satisfacción que Ustedes han ayudado a formar a muchos claretianos que hoy se encuentran en diversos pueblos de Centroamérica y fuera de ellos, anunciando la Buena Noticia del Reino. Que Dios los bendiga y que el Señor multiplique siempre su generosidad y su cordialidad para con cada uno de nosotros.

Que el corazón, que es la dimensión más honda de la persona, núcleo profundo del pensar y del amar, del todo vivir nos posibilita para que unidos al Corazón de la Madre, podamos construir comunidades nuevas, donde cuente más lo que nos une y menos lo que crea división entre nosotros, aquello que nos divide el corazón y nos hace entrar en enemistad con el hermano con la hermana. Que el Corazón de la Madre nos ayude a mantener una fe firme y sólida en medio del sin sentido de la vida. Que nos alegremos de las alegrías de los hermanos y hermanas y que por supuesto compartamos el dolor y la tristeza con aquellos que sufren.

¡VIVA EL CORAZÓN DE MARÍA!...
Ángel Iván García Rodríguez,cmf


FELIZ PORQUE HAS CREÍDO
“María primero ha creído y desde esa fe ha dicho sí a Dios”

Hablar del Corazón de María es hablar de su Corazón desde dos dimensiones: la dimensión del corazón físico que es aquel corazón sensible y solidario capaz de sentir alegría y también dolor; y la dimensión del Corazón de la fe, que es aquel que ha creído y ha sido capaz de fiarse, de decir Sí, aun en el vacío, al plan de Dios.

Esa fe del Corazón de María supone en primer lugar que Ella ha sido disponible porque ha creído voluntariamente que Dios ha querido configurar toda su existencia. En segundo lugar esa fe implica también una utopía liberadora. María como creyente es portadora de la bendición y liberación de Dios. Ella traduce en fe el sentido y alcance de esa bendición y liberación de Dios. En tercer lugar la fe de María implica encuentro con la historia. Su disponibilidad y la utopía liberadora han de fundarse en la historia, en la realidad como experiencia concreta, Ella ha aprendido el camino de su Hijo, ha culminado su camino de fe y es, de esa forma, “el tipo y signo de todos los creyentes, que deben recorrer el camino que ella ha recorrido como ejemplo para todos los creyentes”.

En cuarto lugar la fe de María supone la entrega de su propia vida. Yahvé la introduce en el camino de su Hijo haciendo que participe de su pascua porque sólo así esa fe se vuelve transformadora. Ella también asume la cruz y se solidariza con los pobres y excluidos confiando en que su Dios ha derribado del trono al los poderosos y ha engrandecido a los que eran pequeños.

Eescuchan la Palabra, la meditan, la anuncian y la guardan en su corazón.
n último lugar la fe de María aparece como unidad y comunión cristiana porque Ella recibe al Espíritu en unidad con los Ap
óstoles en el nacimiento de la Iglesia, y en esa matriz de nacimiento de la Iglesia hallamos a María que ha penetrado de esta manera en el misterio de la Iglesia apareciendo como la primera cristiana de la historia, como una mujer carismática que comparte su experiencia y riqueza. “Si es verdad que la Iglesia se ha fundado sobre la fe de su Señor, también es cierto que María, por la fuerza de su fe, sostuvo y llevó sobre sí, a lo largo de la pasión, todo el edificio de la Iglesia, como una armadura hecha de una madera incorruptible. Cuando ella se mantenía de pie ante la cruz, era toda la Iglesia la que en ella se sostenía de pie”, es María en su Corazón el espejo en el que se refleja toda la Iglesia.

Todos estos sucesos acontecidos en su vida, ella los conservaba en su Corazón, así María en su Corazón es toda Ella envuelta por la gracia de Dios y su corazón es un “evangelio viviente”. Dichosos todos aquellos que al igual que Ella


Carlos Salvador Menjívar, cmf.

MEMORIA DE NUESTROS MÁRTIRES

Rafael Palacios! Dio su vida no sólo ayer, cuando caía acribillado en una calle de Santa Tecla, sino que desde que comenzó esa vida, ya era sentida para Dios. Allá en el cantón Talcualuya de San Luis Talpa, en el departamento de La Paz, el 16 de octubre de 1938 nacía de don Rafael y doña Concepción. Cariño de hijo y de padres que mantuvo siempre fiel, como una inspiración y una garantía de que Rafael siempre caminó por el camino de la bondad, el sentido de la familia. Se trasladaron a Suchitoto, que fue para Rafael y para sus hermanos, como el pueblo de adopción. Sacerdote también en las parroquias de Tecoluca y de la Catedral en la diócesis de san Vicente; y luego, aquí en la Arquidiócesis: en Santa Tecla, en Ilopango y últimamente en San Francisco de Mejicanos.

Toda esta larga trayectoria puede decir de Rafael Palacios que se trata de una vida caracterizada por la rectitud, por el afán del estudio, por la verdad intransigente, tal vez hasta la exageración. Esto es lo que ha hecho de él la víctima que hoy recogemos: el quinto sacerdote asesinado en nuestra Arquidiócesis. Lo recogemos con el mismo respeto y cariño con que hemos recogido a los otros sacerdotes y con que nos hemos inclinado al dolor de tantas y tantas -ya incontables- muertes por asesinato”.

Monseñor Romero, homilía del 21/6/1979

COMPAÑERA MARÍA

Compañera María, novia tierna mía;
Esposa fiel, mujer toda.
Campesina, obrera, Madre.
Señora de la esperanza.

Escuela nuestra sos,
Señal de un sendero viejo,
Protagonista de un nuevo sueño;
Tierra del proyecto Mayor,
Semilla viva todavía.

Tu grito irrumpió en mis entrañas,
Es largo, no se acaba.
Te he visto soltando lágrimas,
Vendando heridas, protestando por trabajo.

Cocinando el arroz y las tortillas,
Vendiendo flores con espinas.
Besando las horas de un anciano,
Velando los pasos de un niño.

Fiel sos en tus empeños,
Sigues en pie de calvario día a día.
Muriendo a veces, viviendo siempre;
Naciendo todavía.

Abel Carbajal, cmf